Sobre una carta a Kant

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Hace poco en El Universal un inteligente colaborador formulaba una pregunta a Kant, que incorporaba el “conócete a ti mismo”, que tanto trajinó a Heráclito, Parménides y Sócrates entre otros.

Se llamaba Emmanuel como Cristo. Fue un poseído de la razón, y su genio está ligado a esa tarea: “la presunción de hacer progresos solo con un conocimiento puro, fundado en conceptos utilizados durante mucho tiempo por la razón, sin examinar cómo y con qué derecho ha llegado a utilizarlos”. En claridad Kant fue el primer filósofo que estudió la naturaleza del entendimiento antes que sus frutos. Tanto Descartes como Platón, Aristóteles como Leibniz, Tomás de Aquino como Malebranche habían producido sistemas de filosofar, pero ninguno había estudiado si las bases del sistema eran válidas o inválidas.

Tal es la idea central de la obra de Kant: “Crítica de la Razón pura”. Treinta siglos tenía el hombre engendrando razones, tres mil años tenía el ser humano sin preguntarse si los razonamientos que creaban esas razones eran razonables o no. Afortunadamente el hombre es menos lógico que inteligente, el orden de la versatilidad es su especie, la coherencia producto de su originalidad. También tenemos hombres que piensan lo contrario y que, como Kant, nos ayudan a pensar.

Kant empieza por declararnos que es ilegítimo utilizar conceptos que se derivan de la experiencia, o que nos impone la experiencia para hechos que están sobre la experiencia ¿sirve un metro para la libertad? ¿Hay una balanza donde quepan las pruebas para la existencia de Dios? ¿Hay un telescopio que se aproxime a la inmortalidad? Esto fue lo que permitió a Renán dudar de la validez que tenga la razón de encarcelar la realidad histórica, y a Bergson pensar que las facultades que se adaptan al conocimiento de los fenómenos físicos son las que nos separan de los fenómenos psicológicos y biológicos, y a Poincaré afirmar que la geometría euclidiana no se conforma con la razón, sino que simplemente es más conveniente que ninguna otra.

Podemos decir que la Crítica de la Razón Pura inició el proceso jurídico de la razón, allí fue la primera vez que se llevó la razón a corte para que exhibiese sus argumentos de legitimidad, o imaginación. Esto bastaría para que Kant fuese el filósofo más original que ha habido después de Platón. Pero a Kant también lo sedujo la ética y de esa inmortal atracción la humanidad recuerda estos resultados: la moral es algo independiente de la teología, la idea de que nuestra moralidad solo puede ser consecuencia de nuestra voluntad, y la idea de que la moral rechaza una finalidad que no sea la moral misma: “El imperativo moral categórico”.

Kant es la pasión interminable de la razón, la pasión suprema de la razón, y como toda pasión, irrazonable. Pero que conteste la carta.

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