Solidaridad

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La guerra fría, la escasez y la creciente deuda externa generaron una grave crisis económica en Polonia y las primeras huelgas en 1976. Un simple electricista, llamado Lech Walesa, fue despedido de los astilleros en Gdansk. El aumento de precios, la reducción de salarios y la despedida de una activista operadora de grúas, en agosto de 1980, originaron la huelga liderada por el electricista. Basados en la no violencia solicitaban reintegrar a los despedidos, un monumento a los trabajadores asesinados en 1970 y la legalización de los sindicatos. La huelga se extendió a más de 200 astilleros, fábricas y minas; Polonia estaba paralizada. La unión de los trabajadores, la cobertura mediática y el apoyo internacional permitieron el crecimiento del movimiento. El 31 de agosto el gobierno aceptaba la mayoría de las demandas sindicales. Al final cayó hasta el secretario del partido comunista polaco. Solidaridad, un movimiento católico y anticomunista, se convirtió en el primer sindicato independiente del bloque soviético.

Meses después los líderes terminaron en la cárcel y el sindicato fue prohibido. Desde 1982 hasta 1988 Solidaridad fue clandestino. El apoyo del papa polaco, de Estados Unidos y de Gran Bretaña así como la coherencia del grupo le permitió a Walesa recibir el Nobel de la paz y al sindicato ganar cada vez más adherentes hasta tener 10 millones de miembros. Las huelgas de 1988 forzaron al gobierno a negociar con Solidaridad que pasó de ser un sindicato, a convertirse en un partido político que exigió unas elecciones libres. Gorbachov, confiado en el triunfo comunista, instó al gobierno polaco a aceptar las elecciones en las cuales Solidaridad tuvo un triunfo arrollador. Walesa fue presidente de 1990 a 1995.

La Declaración del Milenio hizo de la solidaridad uno de los valores fundamentales y esencial para las relaciones entre individuos, pueblos y naciones. En 2000 la ONU instituyó el 31 de agosto como el Día Internacional de la Solidaridad. Según la ONU la solidaridad “no solo es un requisito de carácter moral, sino también una condición previa para la eficacia de las políticas de los países y los pueblos” y es “una de las garantías de la paz mundial”. Agrega que “los pueblos desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vías de desarrollo”.

Según el diccionario, solidario es quien se asocia o adhiere a la causa, empresa u opinión de otros. La solidaridad no debe ser una reacción aislada, ocasional. Debe ser una continua y constante determinación por el bien de todos. Solidarios deberíamos ser con nuestros compatriotas en desgracia, con el oprimido, el segregado o vejado por los poderosos, con las víctimas de la violencia. Muy seguramente subestimamos el valor y poder de la solidaridad en la vida diaria.

crdc2001@gmail.com

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