Columna


Soluciones estructurales

PABLO ABITBOL

20 de noviembre de 2020 12:00 AM

La trágica estela de las tormentas que nos azotan en días recientes gira en torno a otro de esos ciclos recurrentes de nuestra cruel historia: cada vez que hay lluvia, hay inundaciones y deslizamientos. Con justa razón hay quienes, mirando más allá del sentido clamor por soluciones inmediatas que le permitan a la gente sobrellevar las pérdidas – una cobija, una comida, un albergue, una motobomba – señalan hacia el eterno horizonte de soluciones estructurales que permitan por fin romper la absurda repetición del ciclo.

Cuando se habla de soluciones estructurales, suele pensarse en la urgente necesidad de crear estructuras físicas, grandes obras de infraestructura, como un sistema de drenaje y un sistema de protección costera bien diseñados y construidos, que además sean expansibles, adaptables, sostenibles y resilientes.

Pero para que eso ocurra se necesita, además y ante todo, que como ciudad y región creemos otro tipo de soluciones estructurales, ya no de naturaleza física, sino de carácter institucional, político y cultural.

¿Por qué si desde hace décadas la ciudad – Estado, gremios, academia, medios, sociedad civil - sabe que requiere soluciones estructurales frente al crecimiento poblacional y el cambio climático, nunca se ha logrado materializarlas? Porque son proyectos y obras de tan alta cuantía e impacto que despiertan los voraces intereses de variadas coaliciones de políticos y empresarios que compiten entre sí para dominar los territorios y desangrar los recursos públicos.

Una planeación del ordenamiento de los diversos territorios de la ciudad y la región, bien pensada a mediano y largo plazo, y erigida sobre la base de amplios consensos ciudadanos, sería de gran ayuda para contrarrestar esa lógica. Pero dichos planes se estancan en el lodo de una ciudadanía dividida por la lógica del clientelismo y una cultura política infectada por el virus de la corrupción.

La solución estructural no puede reducirse, por lo tanto, al intento de impermeabilizar los procesos de estructuración y contratación de proyectos contra la lluvia de intereses particulares, clientelismo y corrupción, para tratar de sacarlos adelante y dejarlos amurallados en cuatro años.

La verdadera solución estructural está en aprovechar la oportunidad de estos cuatro años de gobierno ciudadano, esta coyuntura especial que está viviendo Cartagena, para fomentar la consolidación de una sociedad civil capaz de tomar en sus manos el curso de los próximos cuarenta años. La solución estructural está en la transformación profunda de la cultura ciudadana y el cultivo consciente de un proyecto político de largo alcance.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivas.

*Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UTB

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