Columna


STEM para los jóvenes

JESÚS OLIVERO

16 de julio de 2021 12:00 AM

Los docentes insisten ante el gobierno en la falta de garantías para regresar a clases. Puede ser cierto, pero las exigencias también deben hacerse hacia dentro. Los maestros, de una parte, debimos haber usado este tiempo para preguntarnos si estamos enseñando lo necesario, y los estudiantes, por la otra, si desean cambiar y aprender para salir adelante.

En primer lugar, el antiguo esquema de dictar clase, esperar que el estudiante memorice y luego recite lo aprendido para otorgarle una nota, acabaría por ayudar a la pandemia a sepultarnos aún más profundo. Lamento que, ante tanta protesta, en especial desde nosotros los docentes, pocos hablemos de la necesidad de cambiar el chip actual hacia el modelo stem, acrónimo para las siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, incluyendo además las artes (steam).

Introducir stem como plataforma educativa debe ser un compromiso si verdaderamente deseamos ayudar a los jóvenes. Medidas como acceso a vivienda, participación en política y empleo básico, no alcanzan a ser pañitos de agua tibia y denotan la entrega, populista, de un pedacito del pastel, o de la mermelada, pero sin sabor ni olor. Un apoyo decisivo a las actuales generaciones solo ocurrirá con el acceso generalizado a educación pública, con alta calidad, desbordantemente inclinada hacia stem, infraestructura adecuada y un cuerpo de profesores bien preparados y dispuestos a darlo todo, pero en el aula.

Bajo el modelo stem todo cambiaría en los estudiantes, inclusive la forma primitiva de protesta al no asistir a clases virtuales, máxime en pandemia. La formación de jóvenes con pensamiento crítico, capaces de resolver problemas cotidianos, creativos, innovadores, investigadores, amantes del arte y la cultura, prestos a trabajar en equipo, con alta capacidad de expresión, comunicación y habilidades en resolver conflictos, como parte de la filosofía stem, los impulsaría hacia un panorama lleno de oportunidades en desarrollo personal, moldeando el país que dicen querer, sin corrupción.

En la coyuntura política actual muchos argumentan que “votar bien” es clave para frenar la corrupción. Varias corrientes sugieren un camino paralelo. Una juventud bien educada, en especial en ciencia y tecnología, es crítica para crear un país que no acepte ni tolere la corrupción, y esto deriva del hecho de poder forjar su propio futuro, sin depender de lo que hagan terceros, en especial los políticos. Claro, los jóvenes también deben querer hacerlo. Y aquí el esfuerzo debe ser mancomunado, mucho estudio, menos tiempo en redes y más en procesos de autoformación.

*Profesor.

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