Columna


Sueños vanos

Christian Ayola

05 de mayo de 2022 12:00 AM

En los albores de la literatura griega la Odisea testimonia por boca de Penélope, que hay sueños vanos y sueños verdaderos, idea que siglos más tarde recoge el poeta Virgilio al final del libro VI de la Eneida: “Hay dos puertas del sueño, una de las cuales, dicen, es de cuerno, por la cual tienen fácil salida las visiones verdaderas; la otra, brillante, es de blanco y nítido marfil, primorosamente labrada, pero por ella envían los manes imágenes ilusorias”.

Una leyenda originada en el folclore medieval inspiró un verso de Goethe; un cuento de los hermanos Grimm; y uno de los poemas más conocidos de Robert Browning, “El flautista de Hamelín”. Según el relato, la ciudad de Hamelín ubicada en la región de Baja Sajonia, Alemania, contrató un flautista para que la liberara de una plaga de ratas. Siguiendo las notas mágicas de la flauta, los roedores desfilaron danzando alegremente fuera de la ciudad hacia su perdición. Cuando la ciudad se negó a pagarle por su servicio, el flautista tramó una cruel venganza, atrayendo con su melodía a los niños del poblado. Encantados por las notas, los más jóvenes lo siguieron y simplemente desaparecieron.

Es posible que la historia tenga una base histórica. En la ciudad hay una edificación que data de 1602, llamada la casa del flautista, en la fachada de piedra, una inscripción dice: “El 26 de junio de 1284, en el día de San Juan y San Pablo, 130 niños nacidos en Hamelín, fueron sacados de la ciudad por un flautista vestido con ropas multicolores. Después de pasar el Calvario cerca de Koppenberg, desaparecieron para siempre”.

Una anotación en los registros de la ciudad, que data de 1384, lamenta que, “han pasado 100 años desde que se fueron nuestros hijos”. Y el manuscrito de Luneburg del siglo XV, un texto que cuenta lo ocurrido, junto con cinco versos de memoria histórica, algunos en latín y otros en alemán de la edad media, se refieren a una historia similar.

Una de las principales teorías que explicaría el mito, sugiere que los jóvenes fueron parte de una migración de alemanes a Europa del Este, provocada por una recesión económica; el flautista desempeñó el papel de un reclutador. Por esas calendas estos típicos personajes eran los responsables de organizar las migraciones, y se decía que usaban vestimentas coloridas y tocaban un instrumento para atraer la atención de posibles migrantes.

Los colombianos estamos divididos entre dos tipos de soñadores, los que tenemos un sueño cercano a la realidad, que se alcanza mediante el estudio, el trabajo honrado, la creatividad, y el emprendimiento con disciplina; y los más ilusos, que frustrados o dormidos corren fascinados tras la flauta del Hamelín criollo.

*Psiquiatra.

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