Columna


Tejer el turismo

JORGE CAMPOS PÉREZ

02 de enero de 2015 12:00 AM

Cartagena asumió su vocación turística con una improvisada agenda que trata de conciliar el desarrollo para cartageneros y visitantes. Con unas de cal y otras de arena, ha logrado explotar sus atractivos y obtener reconocimiento internacional.

En medio del frenesí de esta temporada, la ciudad espera que se apruebe su Plan Sectorial de Turismo (PST). Una guía necesaria que, a pesar del corto alcance -solo comprende un par de años-, propone acciones coordinadas, asigna presupuestos, pone a dialogar a distintos actores y fija un norte turístico. El PST trata puntos álgidos como la actividad de los cocheros, la informalidad en la prestación de algunos servicios y la construcción de marinas para el turismo náutico.

El texto del Plan resalta la forma participativa como se construyó; se logró convocar desde habitantes de la zona insular hasta empresarios y autoridades públicas. Entre las estrategias incorporadas sobresalen la sostenibilidad del destino y el ordenamiento territorial con criterios turísticos.

Todo está muy bien hasta aquí. Pero inquieta cómo se articularán acciones y se armonizará el PST con otros instrumentos de planeación, asunto donde Cartagena no se destaca. Por ejemplo, hace poco el estatuto tributario, proyecto finalmente retirado del Concejo, no incorporaba incentivos que promovieran la residencia permanente en el Centro Histórico para no desplazar a sus habitantes raizales al encarecerse la propiedad raíz allí hasta tentarlos a vender sus casas a compradores pudientes.

En cinco planes -el de Manejo y Protección del Centro Histórico, el POT, el de Competitividad, el PST y el Plan de Desarrollo-, se define el futuro de la ciudad. Pero, estos planes no logran bien materializar las acciones y proyectos que los conforman; queda una colcha de retazos que el Gobierno no logra tejer ni darle forma para el bien común.

Para mitigar esta debilidad se debe abrir la participación. No sólo se deben convocar los actores para validar lo que “otros” definen; se deben definir responsabilidades, recursos y tiempos para que, lo que se presenta como acuerdo de voluntades -caso PST-, se logre materializar.

Con la eventual aprobación del PST en el Concejo, se inicia el verdadero reto de la administración: liderar la implementación de este acuerdo con acciones concretas que den orden y sentido a los esfuerzos dispersos de los actores del mundo turístico.

Es una oportunidad valiosa para cambiar la infortunada concepción de poner al turista por encima del cartagenero y para construir relaciones positivas entre lugareños y visitantes. Es una simbiosis necesaria para el desarrollo local sostenible.

*Profesor UTB

Jorge Campos Pérez*
 

  NOTICIAS RECOMENDADAS