Terrorismo

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Es la acción criminal e indiscriminada que pretende, a través de la violencia, crear alarma social para lograr ciertos objetivos. Contra eso es necesaria una acción individual, colectiva y estatal, decidida y coherente, que demuestre lo que somos. Dicen los que saben que, el ser, aquello que determina lo que somos, lo que nos caracteriza, eso que nos hace diferentes o especiales, únicos, la madera de que estamos hechos, se demuestra tanto en la humildad como recibimos las victorias y los éxitos, como en la serenidad, determinación y entereza con que enfrentamos los problemas, las derrotas y fracasos. Claro, debería demostrarse más aún en el rutinario día a día.

El problema es que en ese trasegar diario los colombianos hemos actuado, en general, cada cual por su lado. La consigna ha sido sálvese quien pueda, que cada cual logre para sí todo y más, saltando las bardas y fronteras de lo legal y/o lo justo. En semejante desmadre, el Estado, responsable natural, no solo ha estado ausente sino que, muchas veces, en vez de promover la recuperación del más pobre, ha sido el generador de más desigualdades, ampliando las brechas, promoviendo al mismo tiempo el hambre de los menos y la gula de los más, prohijando frustraciones y ambiciones.

Solo en las pírricas victorias deportivas, por efímero tiempo, hemos sido uno. Otros triunfos o reconocimientos nacionales o mundiales, tan fugaces y exiguos como escasos, solo han servido para dividirnos, aún más, debido a que los unos aprovechan la victoria para humillar mientras que los otros usan la calumnia y la injuria en vez de reconocer gallardamente la victoria del contrario. En las derrotas, fracasos o problemas, pan de cada día por estos lares, nos ha faltado la cohesión para enfrentarlas como nación.

Dirán que exagero, que no todo es así. Tal vez, pero se trata de una flor de un día, esfuerzos individuales que no producen cambios masivos ni duraderos.

Ejemplos buenos hay muchos; hay que ver lo divididos que están los españoles, cada región desea ser más que autónoma, independiente. Sin embargo, un solo muerto por el terrorismo de la ETA motivaba masivas manifestaciones en las que se olvidaban diferencias y se anteponía el bien común, sin mezclar intereses políticos; eran españoles enfrentados a un enemigo irracional que ya no existe.

Por eso aspiro, y espero, que empecemos por aceptar como no negociable que la vida es sagrada, que la vida de todos, amigos o enemigos es, y debe ser, intocable. Si eso va de la mano con un Estado responsable y justo, y una sociedad que abandone la indiferencia ante la injusticia social y que sea tolerante ante las diferencias, desaparecerán las condiciones para que los violentos, una minoría, puedan más que los demás. Lo decía Murrow: “nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos seamos sus cómplices”.

*Profesor Universidad de Cartagena

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