Columna


Tesis contra la pobreza

BERNARDO ROMERO PARRA

04 de agosto de 2021 12:00 AM

Una vez más nos referimos a la crisis humanitaria que padecen miles de familias cartageneras conviviendo con precariedades como la falta de vivienda, educación o alimentación digna, acostumbrados a la miseria sin esperanzas, ni sueños por la superación, donde el primitivismo urbano impera a las orillas de la ciénaga de la Virgen, las faldas de los cerros o en sitios de potencialidades desaprovechadas como las zonas rural e insular. Situación que nos ha motivado desde hace varios años a estudiar y proponer alternativas de solución donde una de las conclusiones indica que Cartagena para lograr una transformación social requiere del decidido liderazgo de las autoridades y demás fuerzas vivas locales, pero también del concurso de entidades del orden nacional e internacional.

Hoy, cuando la pandemia del COVID-19 amplió el número de conciudadanos que no alcanza a consumir las tres comidas del día y muchos se sorprenden ante las declaraciones del investigador Adolfo Meisel en un foro, donde afirmó que “Cartagena es un desastre social”, reconocemos que lo dicho es una verdad a puño, y que es un deber el aporte de todos para sacar nuestra urbe adelante. En consecuencia, para combatir la pobreza se requiere que la administración local enfoque todas sus acciones en: 1. Crear y liderar una campaña en medios de comunicación que entregue mensajes para estimular la superación personal, que le hable al ciudadano de sus valores y dimensiones humanas, que le diga que no podemos resignarnos a la pobreza, que con esfuerzo y disciplina sí podemos progresar. 2. Concertar y realizar con el Sena masivas acciones de capacitación sobre artes y oficios relacionados con la vocación económica de la región. 3. La cofinanciación de proyectos productivos individuales y colectivos a la población que fomente la generación de ingresos a las familias.

No es soñar, es poner en práctica acciones elementales que están a la mano pero no se hacen, por ejemplo, el Plan de Emergencia Social no debería seguir teniendo como misión llevar la oferta de servicios a los barrios, sino la gestión y ejecución de proyectos que dejen como resultado la instalación de unidades productivas en sectores vulnerables como: talleres, supermercados, droguerías, restaurantes, tiendas de artesanías entre otros negocios que se pueden financiar a través de fondos rotatorios. Aquí la participación de las Juntas de Acción Comunal y demás organizaciones sociales es fundamental para asegurar la intervención de las comunidades. Cualquier problemática existirá y crecerá mientras no nos pongamos de acuerdo en actuar para erradicarla.

*P.U. Comunicación Social Periodismo. Especialista en Formación de Formadores.

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