Columna


The black card

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

19 de septiembre de 2020 12:00 AM

La comunidad negra de Estados Unidos suele utilizar la frase ‘The black card’, para calificar una situación en la que un funcionario público –o ciudadano común– trata de responder a los cuestionamientos, insinuando que “me están atacando porque soy negro”.

De esa manera, el cuestionado intenta ocultar su incompetencia, o acto punible, desviando el debate hacia una supuesta intolerancia racial (que podría ser real), pero termina mostrando una pobreza argumentativa que daña su imagen y la de la comunidad que representa.

Como en el juego de las barajas, cuando el aludido se siente sin argumentos contundentes para responder por su infracción –o falta de idoneidad– entonces saca al aire la que considera su principal y más fuerte defensa: ‘la carta negra’.

Cabe advertir que el término empezó aplicándose a presuntos casos de racismo contra la comunidad negra, pero acabó por expandirse a cualquier otro intento de supuesta discriminación, de modo que se pueden sacar cartas negras cuando el ciudadano cree que lo están atacando por ser gay, indígena, limitado físico, pobre o mujer, etc.

Los activistas afrocolombianos llevan años pronunciándose contra el racismo, el endorracismo, la discriminación y la invisibilización, pero casi nada se refieren a la carta negra, muy a pesar de que viene tomando fuerza desde que algunos negros comenzaron a ocupar cargos de poder en los sectores público y privado.

Algunos de esos activistas (y estoy de acuerdo) me han comentado que se trata de un tema delicado de tratar, pues sería como darles más argumentos a los opresores para que sigan negando el racismo y la discriminación, y se reafirmen en la falacia del negro resentido e incapaz, que pretende que todo se lo den por su linda cara.

Creen, además, que cualquier acción desesperada que un negro intente al sacar la carta negra, jamás igualará el daño que la élite opresora de América ha ejercido contra él y contra quienes no encajen en el esquema racista, machista, elitista y homofóbico que se ha impuesto desde siempre.

Son planteamientos válidos, pero tampoco puede pasarse por alto el mal ejemplo que expone un funcionario cada vez que saca la carta negra, pues, en el futuro la consecuencia natural serán más funcionarios incompetentes, o infractores, exhibiendo un alegato que, de tanto usarse, terminará por no ser creíble.

Quienes cuestionan –aunque sea por racismo– siempre esgrimen otras razones; y es así como debería responder el acusado, pues está claro que a los discriminados siempre les tocará el triple esfuerzo, lo cual es preferible a dar más motivos para que el racismo se siga fortaleciendo.

*Escritor.

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