Columna


Titulación y discriminación

GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO

21 de septiembre de 2020 12:00 AM

Para mí la noticia del año es haber acabado con la ignominiosa decisión contra el pueblo boquillero, al no permitirles el derecho a tener una propiedad individual. Nada más indigno que tener a una población sumida en una titulación colectiva, como si acaso fuera un redil de imbéciles que no puede tener acceso a la propiedad privada y al libre mercado.

Las 40 hectáreas que tiene ese territorio, valen en bruto más de mil millones de dólares, en bruto digo porque al desarrollarlas inmobiliariamente el valor del desarrollo puede llegar a trescientos mil millones de dólares. Los boquilleros no solo están entre los más ricos de Colombia, sino del mundo.

Es increíble vivir sobre una mina de oro y padecer el rigor de la pobreza y la falta de acceso a la educación y el empleo. Estoy de acuerdo, en muy pocos casos, como Palenque (Mahates), que es único, y que de verdad hay que intentar preservar intacta la riqueza de sus saberes ancestrales.

Fui por primera vez acompañando al gobernador Vicente Blel y a la ministra del Interior, Alicia Arango, para cumplir las promesas que el gobierno nacional y departamental les habían ofrecido, y de verdad es una alucinación, como si de repente entras a través del canal NatGeo a un túnel del tiempo que te lleva al mundo de África, de mamá África. Porque quiero dejar saber mi amor ancestral por esa raza superior. Como olvidar a Isabel Bello, la muchacha negra, bella, que terminó de criarme con su bondad indómita, quien distinguió nuestro amor de prójimos, al brindarme el honor de ser el padrino de su bello hijo negro.

Pero comunidades afros, que son prácticamente urbanas y que las políticas de algunos de sus líderes es mantenerlas en la autodiscriminación o como se le llama técnicamente ‘discriminación positiva’, es inconcebible en pleno siglo 21, y mucho menos teniendo los boquilleros a sus vecinos inmediatos (el pujante desarrollo inmobiliario vecino de los Morros) viviendo en abundancia. ¿Y por qué ellos no? Entonces el boquillero en su incipiente necesidad de hacer emprendimientos invade la zona de los manglares, ese sí, intocable.

A los boquilleros y a las comunidades urbanas de origen afro hay que insertarlas en el desarrollo de la economía nacional. ¿Que acaso los boquilleros no podrían hacer algún tipo de asociación para desarrollar inmobiliariamente sus propiedades? Tengo amigos boquilleros que al asociar sus lotes que colindan entre sí y que miden mil metros cuadrados alcanzan un valor bruto, sin desarrollar aún, de seis mil millones de pesos.

No es necesario que estas comunidades pierdan sus saberes ancestrales, acaso el hip hop, el jazz, el blue, el reggae, el rap, la cumbia, el mapalé, no es la huella de esos saberes ancestrales, de esos negros maravillosos que nos dejaron para siempre su impronta milenaria.

*Arquitecto

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