Columna


Totalitarismo posthumanista

YEZID CARRILLO DE LA ROSA

02 de diciembre de 2023 12:00 AM

La premisa básica de la ideología transhumanista es que la especie humana debe/puede trascenderse a sí misma, que es posible modificar/mejorar el cerebro y el cuerpo, al punto que podemos existir sin este último. Hay un transhumanismo moderado, que simplemente busca introducir mejoras graduales en la biología humana, y hay otro radical, que anuncia el fin de lo humano y el inicio de una era posthumana. Es a esta última concepción del transhumanismo, a la que Michel Onfray se refiere en su último libro, para advertirnos del peligro del “totalitarismo posthumanista”.

Onfray –apoyado en Orwell– señala siete características que preludian a esta forma de totalitarismo, las cuales vienen siendo legitimadas (con gran ingenuidad o estupidez) tanto por las narrativas de la derecha-neoliberal como de la izquierda-progresista. Estas son: destruir la libertad, empobrecer la lengua, abolir la verdad, borrar la historia, negar la naturaleza, difundir el odio e instaurar el imperio.

Para destruir la libertad –señala–, se promueve la vigilancia constante, como sucede hoy con las redes sociales a las que le entregamos todos nuestros datos. Para empobrecer la lengua, se introduce una neolengua, como el “lenguaje inclusivo”, o se prohíben ciertos términos o la lectura de los clásicos acusándolos de patriarcales, sexistas, etc. Para abolir la verdad, se ideologiza a los ciudadanos y se fomenta el nihilismo posmoderno y deconstructivista que afirma que la única verdad es que no hay verdad ni certeza de nada, solo perspectivas, interpretaciones y creencias subjetivas.

Para borrar la historia, se reescribe el pasado, no para hallar la verdad en los hechos, sino para dar con hechos (ficciones) que confirmen verdades de antemano fabricadas. Para negar la naturaleza, se destruye la pulsión de vida, se reorganiza la sexualidad y el género, y se convierte al cuerpo en un efecto del lenguaje o del inconsciente, una hechura que ya no depende de la ciencia ni de la naturaleza, sino de la cultura: ser niño, niña o neutral va a depender de las creencias o percepciones subjetivas, con lo que se allana el camino a los Ciborg y cuerpos neutrales posthumanos. Para difundir el odio, se requiere inventarse un enemigo y polarizar. Y para instaurar el imperio, será esencial formatear a los niños y adolescentes, que es todas los anteriores.

Onfray afirma que hoy estamos frente a un nuevo Behemot que supera a todos los leviatanes totalitarios precedentes (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft), cuyo objetivo final es separar el cuerpo del pensamiento y unirlo con lo tecnológico y lo digital, lo que instaurará una sociedad piramidal, biológicamente desigual, pero legitimada por una religión pagana posthumanista en cuya cima estará una casta sacerdotal privilegiada (biológicamente evolucionada) y en la base una multitud sometida involucionada.

*Profesor universitario.

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