Columna


“Tranquilo Bobby, tranquilo”

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

24 de marzo de 2020 12:00 AM

En 1998 el mundo latino se estremecía con la canción El Niágara en bicicleta del dominicano Juan Luis Guerra, la que narra con impecable acierto la postración del sistema de salud. A la mayoría para esa época no interesó la tragedia contada, pues la atención se centró en lo bueno que se movía el esqueleto ante el imponente ritmo. Hoy, 22 años después, nos encontramos de frente con una oscura realidad, aquella melodía no era una broma y estamos montados en un triciclo intentando navegar contra las corrientes mortales de un virus inclemente.

El COVID–19 ha desatado olas monstruo en el mundo, generando hasta el momento 368.338 contagiados y más de 16 mil muertos, lo peor, las cifras siguen en aumento y no existe una solución definitiva. Como consecuencia del coronavirus, también se desató una genérica crisis política y económica, pero lo principal, es que se evidenció que la humanidad es muy vulnerable y más en los países en vía de desarrollo como el nuestro.

En Colombia todo es caos, no se toman decisiones serias y contundentes que son apenas lógicas mirando la situación europea. Nos ha costado tropiezos hasta lo más sencillo, procurar en conjunto, por el bien común, el aislamiento social, sumado a medidas obvias de aseo y desinfección.

Ante la zozobra, una parte de la sociedad se ha mostrado insolidaria, quizá ha florecido la máxima expresión de odio y desprecio por el prójimo, confirmando que en momentos así se suele demostrar la esencia del ser humano. No otra cosa indica que se pretenda en estos tiempos de dificultades, acaparar los productos de primera necesidad y los medicamentos esenciales, he allí los supermercados y droguerías desabastecidas y que se especule con los precios ante la angustia y la carencia reinante. Qué decir de la forma desesperada como en USA están comprando armamento y munición para enfrentar el descontrol social.

La comunidad entró en un terrible pánico, es general la visión fatalista del futuro, debido a la poca confianza en las autoridades y, sobre todo, por la demostrada ineficiencia del esquema de salud, representada en la ausencia de insumos, camas, unidades de cuidados intensivos, de reactivos para identificar la presencia del virus e incluso, de recursos humanos con la suficiente preparación para tomar las muestras. Las líneas de atención que se han dispuesto no las contesta nadie, lo que indica que pueden existir casos sin documentar que obviamente no están tratados y facilitan la temida propagación.

Se recomienda la cuarentena y ello es imperativo, evitar el contagio, pues no tenemos cómo ser atendidos: “La sala está ocupada y mi querido, en este hospital no hay luz para un electrocardiograma”. El glorioso personal médico que enfrenta inerme esta batalla, ante la languidez del sistema solo podrán decir: “Tranquilo Bobby, tranquilo”.

*Abogado.

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