Columna


Transformar la política, ¿cómo?

PABLO ABITBOL

21 de enero de 2022 12:00 AM

Si queremos acabar con el clientelismo y la corrupción que mantienen a nuestras comunidades atrapadas en la pobreza, entonces debemos comenzar por cambiar las prácticas sociales que sustentan esas formas de hacer política. Para lograrlo, hay que superar tres grandes retos.

El primero es que muchas veces no nos percatamos de que son precisamente nuestras costumbres políticas las que mantienen a los corruptos en el poder, pues creemos, equivocadamente, que lo normal es lo más efectivo, e incluso lo correcto.

Sin embargo, no siempre la forma tradicional de hacer las cosas es la mejor. Tampoco es cierto que las cosas deban seguir siempre haciéndose de esa manera. Desde un punto de vista tanto pragmático como ético, la superación de la política tradicional pasa por la transformación de las costumbres que, incluso inconscientemente, la perpetúan desde la ciudadanía y los liderazgos comunitarios.

Pero he aquí la trampa de la pobreza que produce y reproduce la política clientelista: con dinero y recursos de poder siempre se puede controlar a una ciudadanía que tiene y tendrá necesidades apremiantes, precisamente porque ese dinero y esos recursos de poder no se usan para mejorar su bienestar, sino para cooptarla.

El segundo reto también tiene forma de círculo vicioso: los políticos que acceden al poder son quienes definen cómo se hace la política, desde las leyes y el Estado, y eso a su vez les permite continuar accediendo y excluyendo a otros del poder. ¿Cómo romper ese ciclo?

Si un grupo significativo de personas coincidiera, no solo en pensar y decir que la política debería hacerse de otra manera, sino también en hacer la política diferente a partir de la ciudadanía y los liderazgos comunitarios, la lógica cíclica de las trampas del clientelismo podría comenzar a romperse. Y ese es el tercer reto: ¿cómo lograr una acción colectiva transformadora si todos creen que cada uno piensa y va a actuar individualmente?

Por ese motivo, la transformación de ciertas costumbres que se consideran normales pero que son nocivas pasa, tanto por el cambio de nuestras expectativas sobre el comportamiento de los demás, como por el cambio de las expectativas de los demás sobre nuestro propio comportamiento.

Esta reflexión nos invita a comprometernos con un gran ejercicio político de verdadera transformación social que surja de la manera en que expresamos quiénes somos y qué queremos ser a partir de nuestras propias acciones y organizaciones.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor del programa de Ciencia

Política y RR. II., UTB.

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