Columna


Transporte sostenible

DANIEL TORO GONZÁLEZ

07 de abril de 2017 12:00 AM

Esta columna quiere aportar a la discusión local sobre los retos en movilidad la reciente tesis de la ONU sobre transporte sostenible. Existen poderosas razones para ello: la primera, la administración distrital no tiene rumbo en políticas de transporte sostenible y un paso preciso para lograrlo es tener un concepto claramente definido. La segunda es de orden humano: la existencia de tensiones por el uso del territorio y los efectos del cambio climático que provocarán serias inundaciones que ponen en riesgo la seguridad y duración de la vida de la gente.

Además de contribuir a mitigar estas amenazas, el transporte sostenible es indispensable para lograr un crecimiento económico sostenido e incluyente, crear empleos, reducir la pobreza, generar acceso a mercados, recreación, interacción social y educación, es decir, un completo rango de servicios que contribuyen a una existencia saludable y plena. Es, además, pieza clave de los esfuerzos por reducir la contaminación del aire (ver caso de Medellín) y mejorar la seguridad.

Por su valía, Naciones Unidas creó un Grupo Asesor de Alto Nivel que presentó en octubre de 2016 el documento “Movilizando el transporte sostenible para el desarrollo”, muy pertinente para el desarrollo local. En este se define transporte sostenible como la provisión de servicios e infraestructura para la movilidad de personas y bienes de una manera segura, asequible, accesible, eficiente y resiliente, que minimiza las emisiones y el impacto ambiental.

Hay que señalar que si bien el transporte sostenible no ha sido incorporado como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sí se considera esencial para alcanzar muchos de ellos, en particular, los relacionados con la seguridad alimentaria, salud y bienestar, educación, energía, crecimiento económico, y ciudades sostenibles, entre otros.

En Cartagena la inversión en transporte ha venido creciendo en los últimos dos años, pero todavía está lejos de generar los cambios deseados. Debemos soñar con una ciudad en la que peatones y ciclistas cuenten con espacios de tránsito adecuados, con caños y lagunas habilitados con un sistema multimodal integrado, respeto por el medio ambiente y el espacio público, y con aeropuerto y puertos de carga reubicados fuera del casco urbano.

Sin embargo, la realidad indica que para transformar la ciudad no basta con definiciones académicas. Se necesita el liderazgo del gobierno local y una política con estrategias claras que ordenen prioridades y acciones. ¿Es mucho pedir para dejar de estar anclados eternamente al caos?