Tres centavos

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Hace más de 300 años John Gay escribió “La ópera del mendigo”, un musical satírico de ladrones y prostitutas, ambientada en Londres. Tuvo tal éxito que permitió construir el Teatro Real, antepasado del Royal Opera House. Aún hoy se representa.

Basada en esa obra, casi 200 años después, Bertolt Brecht escribió “La ópera de tres centavos”. Se estrenó, por estas calendas, en esa Berlín que estaba a cinco escaños del abismo nazi. Es la historia de un desalmado ladrón, “Mac Navaja”, quien se casa con la hija del líder de todos los mendigos del pueblo. Los padres de la novia, contrarios al matrimonio, intentan poner al ladrón tras las rejas. El bandido, cual político colombiano, ha evitado la prisión usufructuando una antigua amistad con el jefe de policía. Mac Navaja cae en una trampa urdida por su suegra y una prostituta. Sin embargo, la hija del policía lo ayuda a escapar. El jefe de los mendigos, furibundo, exige justicia amenazando con arruinar la próxima coronación de la reina. Por ello, en el tercer acto, al capitán no le queda más remedio que arrestar a Mac Navaja y ordenar su ejecución. En una cómica artimaña, llega un mensajero gritando que el reo ha sido perdonado y que le han concedido título nobiliario, castillo y pensión. La obra fue un éxito. Los desarrapados de siempre ven cómo la sociedad tolera la muerte de una joven prostituta mientras se escandaliza por la de un viejo ricachón. La obra es inquisitiva: ¿quién es un criminal mayor?, ¿el que roba un banco o su fundador? La enseñanza queda implícita: la sociedad, como la obra, vale tres centavos. Es una revolucionaria crítica a la desigualdad social y a la corrupción al comparar ladrones y prostitutas con aristócratas y burgueses; que los primeros perdonen a Gay y Brecht por tan injusto parangón. El ingenio de Brecht le permitió escribir, de un solo tirón, la canción más famosa de la obra, la “Moritat de Mackie Messer” (la balada de Mackie Navaja). Fue interpretada, después, por Amstrong, Fitzgerald, Sinatra y Robbie Williams, entre otros.

Décadas después, Pedro Navaja, un chulo de mala muerte, y Josefina, una joven prostituta, ambos con mala suerte, terminan heridos tendidos en una calle de Queens mientras “un borracho con los dos cuerpos se tropezó, cogió el revólver, el puñal, los pesos y se marchó”.

Mientras Mac Navaja mata en un bello domingo, en las lóbregas callejuelas del Londres victoriano, Pedro Navaja mata en la oscuridad de la noche de Nueva York. Aunque algunos cuestionen la originalidad de Rubén Blades, cuando descubrí que su fuente de inspiración había sido Bertolt Brecht y los tres centavos, solo creció en mí la admiración por el autor de tan hermoso poema, toda una crítica social y una de las canciones de salsa más largas, famosas y vendidas. Aún hoy me sigue sorprendiendo su impactante letra y su mensaje: “La vida te da sorpresas”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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