Columna


Turismo sin causa

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

15 de enero de 2016 12:00 AM

El Turismo, uno de los sectores de mayor importancia para la ciudad, requiere una revisión con lupa para que los cartageneros conozcamos su verdadero impacto en la cotidianidad y brinde la confianza requerida para que todos sigamos apoyándolo. Hace unos días, al leer un documento sobre la industria sin chimeneas, recordé una foto en la que uno de los buses turísticos de los muchos que hay en la ciudad, despedía una nube de humo. Ese instante desafortunado lanzó al traste tal absurda denominación. Todo el tiempo nos han vendido la idea de un turismo glorioso en la heroica. Moderno, sostenible, certificado, en fin. Pero la verdad está lejos. Falta mucho para contar con algo que piense en la gente local, no como su soporte y mendigo, sino como el receptor de las bondades de este negocio, altamente lucrativo para algunos.      

De acuerdo con el Sistema de Información Turística de Cartagena, en 2014 entraron al Castillo de San Felipe 374.723 personas. Intenté buscar un balance financiero para el destino de esos recursos y no lo encontré en internet. Independiente de quién los maneje, esta información debe ser pública para conocer cómo la afluencia de turistas, su consumo de agua, producción de basura y aguas servidas, mejora directamente la calidad de vida de la ciudad. 

Me he preguntado la razón por la cual nuestro castillo no tiene un programa científico y cultural para los niños. Como ya he sugerido antes, con un presupuesto mínimo, cada semana un conferencista nacional o internacional podría contar sus experiencias, de tal manera que ese espacio sirva para que ellos encuentren modelos a seguir.

El programa serviría de encuentro para jóvenes alrededor de la ciencia, la cultura y la academia. Si en alguna parte del boleto aparece que lo pagado financia el programa, con seguridad vendrán más turistas. En especial aquellos que cuestionan el destino de su dinero ante tantas diferencias económicas en el mismo pueblo. 

En los meses de verano, el castillo podría convertirse en un centro astronómico, o tal vez en un sitio para exposiciones de artistas jóvenes. Es lamentable que semejante patrimonio de la humanidad no tenga página web propia con visitas virtuales y foros para estudiantes de historia. También causa tristeza y decepción que el portal de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena no posea versiones en distintos idiomas ni tenga una programación detallada de todas las actividades académicas y culturales en las fortificaciones. Esa debería ser su razón de ser.

La Corporación Turismo Cartagena de Indias podría jugar un papel más protagónico en la Cartagena social. Por lo menos, cada año, debería traer a un premio Nobel para que dicte una conferencia a los niños de barrios populares, creando además programas para que al menos un centavo de cada peso que ingrese por turismo, entre directamente a las bibliotecas públicas o a centros de pensamiento juvenil. Son espacios por inventar y cuya existencia cambiaría el concepto de turismo para la gente.

*Profesor

@joliverov