Un alcalde ingeniero

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El sábado 17 de agosto se celebró en el país, sin ningún tipo de homenaje especial, salvo el de sus asociaciones, el Día del Ingeniero. No obstante, han sido sus inventos y sus obras las que han cambiado poco a poco el mundo material, la vida de los hombres, su cultura y su forma de pensar. No es si no ver la forma en que producimos los bienes materiales que soportan la vida; las maquinas herramientas; la forma en que nos movilizamos por tierra, mar y aire; como nos comunicamos y nos divertimos, y compararla con la que narra Ken Follet en ‘Los pilares de la tierra’ para valorar la obra de los ingenieros, y la forma en que sus inventos han modificado la existencia humana. Y basta comparar la Cartagena de hace 50 años con la de hoy, para ver la enorme transformación de la ciudad, gracias a la acción conjunta de ingenieros y arquitectos, con muy poca inversión estatal.

La palabra ingeniero viene de ingenio, y los individuos que ostentan ese título se caracterizan por haber recibido una intensa formación matemática que los convierte en materialistas, analíticos, racionales y resolutivos de problemas; también en ermitaños. Aunque el ingenio es propio del ser humano, a los ingenieros en especial se les reconoce ese atributo. Hay ingenieros electrónicos (como quien escribe este texto), de sistemas, electricistas, mecánicos, industriales, navales, civiles (la madre de las ingenierías), químicos (los de la industria petroquímica), de minas y petróleos, metalúrgicos y de alimentos, entre muchos más; todos se identifican por el estudio y el conocimiento del mundo material, y las matemáticas y los gráficos como forma de expresar las ideas. Donde quiera que se requiera y aplique inteligencia, orden y método, se dice que hay ingeniería: hasta a las organizaciones humanas se les hace reingeniería cuando se las quiere optimizar funcional y económicamente.

Los ingenieros son, sin embargo, individuos desadaptados de esas formas ligeras (Light) de ser tan de moda, menos carismático, tal vez, pero más líder. Acostumbrado a la veracidad del mundo físico y las matemáticas, el ingeniero es una persona por naturaleza franco (las matemáticas no engañan), directo y a veces indelicado en el trato con sus semejantes, pero efectivos. Es raro verlos preocupados por el vestir, las reuniones sociales y la política; se desenvuelven torpemente en esos escenarios, porque ‘las matemáticas les enseña a resolver problemas reales, mas no aquellos que se inventan los humanos, o que surgen de la confrontación de sus sentimientos, emociones y pasiones’. Ya uno con los años, y otras pasiones y preocupaciones, se ha alejado del ejercicio de la ingeniería, pero la estructura mental y el orgullo de serlo no desaparecen cualquiera que sea el oficio que se desempeñe. Es por todo eso que votaré, e invito a que lo hagan, por el ingeniero Fernando Araújo para la Alcaldía, y el arquitecto Gabriel Rodríguez, para el Concejo.

*lng. Electrónico, MBA.

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