Un año

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Inercia es aquella fuerza que se opone al cambio. Aplica tanto en la física (ningún cuerpo cambiará su estado de reposo o movimiento, a menos que haya una fuerza externa que lo modifique: primera Ley de Newton), como a todo lo demás: los hábitos, las costumbres sociales y políticas, la condición humana y la economía, por no citar más.

Venimos de un gobierno que fue destruyendo poco a poco lo bueno que habíamos heredado del gobierno anterior: mejoras en seguridad, en los indicadores económicos y sociales, y en el mismo ser humano que estaba recuperando sus comportamientos éticos y sus buenas prácticas económicas, políticas, y sociales, había esperanza; pero la inercia de lo logrado no resistió los ocho años de mal ejemplo, y mal gobierno que le siguieron. Al nuevo le tocará en tan sólo cuatro, regresar al estado anterior y superarlo. Aunque la tarea es abismal (tener que producir bienestar con políticas acertadas; mantener una norma de conducta que sirva de ejemplo a los gobernados, y soportar el desprestigio a ultranza, y los ataques personales sin inmutarse), el presidente Duque está haciendo lo correcto. Hay que esperar que el tiempo deje sin argumentos a quienes se encargan de mentir y distorsionarlo todo.

Gobernar en este esquema de ‘gobierno - oposición’ y sin mermelada; con un nuevo actor (solapado) dispuesto a todo, y enseñado, en tantos años de guerra, que los principios y las virtudes son un estorbo también en la arena política, es, más que gobernar, enfrentar una guerra que no cesará hasta que logren trabar y arrancar beneficios económicos y políticos al gobierno, que les permitan sostener y escalar su poder: todas las relaciones humanas son relaciones de poder y dominación, dicen los entendidos.

En este estado de cosas, no se puede soslayar que existen ‘empresas dedicadas al desprestigio’, y que colocarnos en la misma orilla de ellas ayuda a los intereses de quienes las contratan; segundo, que para entender los fenómenos económicos y sociales primero hay que medirlos utilizando algoritmos adecuados, y observarlos en una ventana de tiempo amplia que muestre la historia y la tendencia, sin perder de vista los factores internos y externos, los controlables y los que no, para idear las estrategias que permitan resolverlos partiendo de conocer las fortalezas y las debilidades, las amenazas y oportunidades (DOFA), y tercero, que la primera Ley de Newton es universal: todo cambio, para bien o para mal, tiene su propia inercia y requiere de políticas, que son lo que la fuerza externa en la Ley física.

También, que hay que dudar de todo ataque personal por ser rastrero; de la crítica destructiva, porque es claro el fin que persiguen, y valorar las críticas propositivas, así sean erróneas, porque contribuyen a la solución.

Decía mi vecino Edwin: “Duro con el problema, suave con las personas”.

*Ing. Electrónico, MBA.

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