Columna


Un año difícil

LIDIA CORCIONE CRESCINI

24 de noviembre de 2020 12:00 AM

Con el agua hasta el cuello, con el COVID-19 a flor de cualquier superficie, con la esperanza de los cambios, con el miedo a morir, con las manos extendidas pidiendo ayuda y con el último desastre invernal es un cierre de año poco alentador pero con la confianza de que por fin se harán los ajustes necesarios para lograr lo que necesita la ciudad y sí, tengo que hablar de Cartagena, sé que el país padece de emergencias y necesidades urgentes pero debo entender que la caridad empieza por casa y en nuestra ciudad la que clama una vez más porque se le atienda y se entienda y hablo de todos, a tanto los ciudadanos como los gobernantes que no somos islas y que no se puede trabajar dejando todo en manos de las entidades encargadas, nosotros también debemos poner nuestro empeño por lograr que las cosas se den. Con el agua hasta el cuello, con la basura rebosada, con la esperanza dispersa. ¿Cuándo habrá sentido de pertenencia, cuándo se tendrá el pellejo de dolientes y en vez de quejarnos todo el tiempo también nos unamos para lograr trabajar unidos en mejorar nuestro terruño, en el progreso de nuestro desarrollo en la búsqueda de una salud física y mental acorde a las necesidades de los seres humanos? El problema de las basuras por ejemplo es de las comunidades, de las personas, no es buscar la excusa para echar la culpa al barrio vecino diciendo que los botaderos flotantes no los hacen ellos, es salir a defender el medioambiente que está saturado y ahogado y no da más, prueba de ello todo el desbordamiento de las aguas. A todos nos debería dar vergüenza, porque esta problemática viene desde años y se hacen las famosas relimpias pero a las personas eso poco les importa porque después que se gastan las millonadas en esas jornadas de limpieza, a los dos días parece que le estuvieran abriendo espacio para seguir arrojando basura. Y después solo abren la boca para reclamar al Gobierno que deben hacer limpiezas, sin entender que mientras a nadie de los de cada comunidad nos importe y sigamos botando desperdicios, nada será posible. Ya se están concertando varias mesas de trabajo en diferentes sectores de la ciudad para empezar a trabajar con las comunidades representadas a través de unos grandes líderes que se han comprometido para empezar a dar una mirada diferente a la cultura del agua, lo que es el agua en sí, cómo nos beneficia no solo a las personas sino a la flora y fauna. Es una labor que no es sencilla, pero tendrá buenos frutos cuando cada una de las persona empecemos a cuidar y a entender la importancia de los cuerpos de agua y erradicar el concepto de “basurero”. Hagamos el 2021 menos difícil.

*Escritora.

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