Columna


¡Un florero vigente!

CÉSAR PIÓN GONZÁLEZ

22 de julio de 2021 12:00 AM

“La táctica política para provocar una limitada y transitoria perturbación del orden público para tomarse el poder y dar salida al descontento potencial que existía en Santafé contra la audiencia española”, se replica continuamente y tiene hoy más vigencia que nunca sin intenciones reales del bien general. Potencializar negativamente las respuestas del Virrey Antonio José Amar y Borbón por parte de las fuerzas criollas, hoy se reproducen en todos los segmentos sociales que pretenden erigirse bajo las cenizas de inocentes y culpables.

El sentido de pertenencia y de patria se reemplaza bajo el blandeo de una bandera en la puerta que ha perdido la tradición y el color, se esfumó la urbanidad de Carreño, el catecismo del padre Astete, la cartilla alegría de leer y nos hacemos esclavos del egoísmo, intolerancia, envidia, traición, desinformación, manipulación, juicios, mentira, engaño, ira, orgullo, prepotencia y miles de emociones más, justificadas y amañadas para el confort de la personalidad, neutralizándose con la adicción al alcohol, marihuana, sexo, comida, juegos, y mucho más.

El juicio y las justificaciones que hacemos a la esposa(o), hijos, familia, compañeros de trabajo, amigos, dirigentes entre otros, no pretende construir sino, justificar nuestros malos procederes que nos hacen ser esclavos de nuestras sobrecargadas emociones, caracterizadas por un común denominador de quejadera y conmiseración que no nos permite aportar y surgir para el bien.

Las enfermedades del ser humano se mueven en las tres dimensiones: mental, física y espiritual y en donde solo una es capaz de patogenizar o sanar la mente y el cuerpo, el mundo y la ciudad en la que nos desarrollamos fue construida por hombres y está siendo acabada por hombres y de la misma forma en que el COVID-19 ha contaminado el mundo entero, Cartagena está infectada desde los gobernantes, sectores sociales y bases, en insolidaridad, apatía, dejadez, doble moral, interés, apariencia, fachada de propuestas que no nos permite ser una sola voz.

Hay que repensar la ciudad y para ello el primer paso es aceptar nuestros errores, socializarlos con las bases y transformar nuestro interior en un proceso de espiritualidad que se conjuga con la manifestación de la honestidad, honradez y humildad.

Cuántos Llorentes y cuántos floreros siguen siendo protagonistas que no nos permiten replantear la recuperación de una ciudad sucia, corrupta, pobre, insegura, de calles rotas, sin autoridad, sin parqueaderos, sin espacios públicos, sin arborización putrefacta en sus cuerpos de agua, invadida, prostituida y adicta.

¡Iniciemos la revolución por cada uno en una gran transformación espiritual!

*Concejal de Cartagena.

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