Un loco por el portal

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Es el Portal de los Dulces el paso más cautivante para quien cruza de un extremo a otro protegido del sol y un tiempo atrás de una pedrada certera del loco Arturo.

El otro día comprando cazabe, saludé a Fidel Leottau, quien en años más recientes abrió lugar en el portal para escuchar selecta música caribeña. Por una puerta medio abierta oí a Juan Luis Guerra interpretando I love you more; “Perico Ripiao” autóctono y sonoro del merengue del Cibao en dominicana. Siempre les he dicho a mis hijos que Juan Luis Guerra es un apóstol de esperanzas, que Dios lo hizo bien alto previendo hablarle constantemente al oído. Así tan espigado como es lo imaginé entrando al antiguo Magali París que cruzaba a la Calle del Candilejo. Solo él podría llegar a los estantes más altos donde la alegría de leer sería insumo para componer bilirrubinas, recordar que en el cielo no hay hospital, ni turnos que hacer, ni bacterias que contraer.

Pasé frente a los portones donde quedó el almacén Nieso, de Don Issa Murra. En el año de 1960, William su hijo era un niño como yo, lo recuerdo de pantalón corto, calcetines hasta la media caña y un suéter blanco con el escudo del Colegio La Salle. La Carioca sacaba cuentas con don Issa, era su eficaz cobradora y preparaba una artillería para cazar deudores tan pronto terminara la misa en la Catedral.

Los vecinos Ibarra y los Murra, aprendieron en el portal, el más auténtico ejercicio de filosofía popular, el antiguo comercio de la palabra empeñada, todo entre cientos de botellones de vidrio, repletos de dulces, cocadas, caballitos y cazabes.

Hace unos días Abrancito Ibarra contaba que de niño oyó un episodio gracioso: Estando su padre sentado para “embolar”, al lado hacía lo propio su tocayo Abraham Murra. El “Loco” Arturo como de costumbre apareció por allí y frente a ellos se movía de un lado a otro. No lo mires, le dijo ibarra a su vecino; tú tampoco, respondió Murra. El Loco sudaba en aquel vaivén y al no lograr llamar la atención les gritó: ¿Oigan par de hp y es que hoy no me van a saludar?

Se calmó cuando le brindaron unas empanadas del restaurante chino del Sr. Chang, se subió veloz en un coche, tumbó al cochero, espantó al caballo y les mentó la madre a los taxistas de la estación La Heroica.

Ahora cuando la vendedora Cruz Villero cumpla 103 años, Juan Luis le compondrá una canción ¡Y lloverán dulces en la plaza! Ojalá el espíritu del “Loco” Arturo no despierte cuando suene la música, porque de un sopetón acaba con la fiesta.

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