Columna


Un mundo feliz

CARMELO DUEÑAS CASTELL

22 de noviembre de 2023 12:00 AM

Lo que no consiguieron los frustrados intentos de reformas agrarias ocurrió en pocos meses. Barrios enteros de invasión en grandes ciudades, creados por décadas de violencia rural e injusticia social, desaparecieron ante la alegre estampida generada por los sabrosos beneficios concretados en la Colombia profunda con la gigantesca inversión estatal sumada a la seguridad de la paz total. Como en las escenas del lejano oeste, cada quien corrió tras su pedazo de tierra a través de las modernas carreteras que el Instituto Nacional de Vías Regionales (Invir) construyó en tiempo récord para que fuera dueño quien primero llegara con la única condición de sembrar, cultivar y exportar todo lo que natura diera.

Imágenes impensables meses antes eran de diario recibo: líderes y políticos de todas las vertientes implementaban unidos las leyes que oportunamente surgieron de la sana controversia parlamentaria. En la Colombia Humana no había tema para controvertir ni entuerto qué encontrar. La vida fluía tan natural que no había por qué entorpecer su curso progresista y pragmático idealismo. Todo era alegría y orden hasta el punto que la Corte Suprema se vio obligada a revisar si era lícito el amancebamiento entre los ángeles y las once mil vírgenes.

Era utópico hacer oposición en esas condiciones. Musk y Zuckerberg solicitaron audiencia con el presidente preocupados por la catástrofe económica e inoperancia de sus redes sociales ante la súbita inactividad de sus otrora mayores usuarios. La salud bien manejada, el dinero de todos bien administrado. No había razones para la crítica, ni argumentos para cuestionar tantas sabias medidas. Por esas calendas la mayor decepción fue la imposibilidad legal sumada al talante de estadista del presidente, quien, desoyendo la unánime audiencia, desistió de la reelección.

El verdadero cambio no comenzó, como se hubiera pensado, el 7 de agosto de 2022 sino entre el 21 y el 22 de noviembre de 2023. Fueron dos reuniones aparentemente insignificantes solicitadas por el Gobierno intentando una carambola a tres bandas: generar cortina de humo, dividir la oposición y ganar respaldo a las frustradas reformas.

Aunque las reuniones tuvieron el mismo tufillo excluyente de otras, el cambio fue evidente desde el principio: puntualidad del anfitrión, capacidad real de oír y escuchar sumado a la genuina intención de lograr acuerdos para el bien de todos. Por arte de birlibirloque fue allí, en la soleada casa de huéspedes y en el frío palacio donde todo comenzó. Soñar con el deseo, decía el genio de Avon: “¡Oh, qué maravilla! ¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!, ¡cuán bella es la humanidad! Oh, mundo feliz, en el que vive gente así!”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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