Un nuevo elector

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Es posible que dentro de poco me llegue un correo del amigo lector que opina (y tiene razón) que no tengo ni idea de política y que me dedique a escribir sobre otras cosas menos complejas. Pero siento que debo decir lo que voy a plasmar. Así que con su venia, señor lector, empiezo redactando lo siguiente:

De la publicidad engañosa no solo se valen los estrategas de los productos y servicios que todos los días nos venden a través de los medios de comunicación. De ella también se sirven los políticos, sobre todo cuando están aspirando a ser elegidos a algún cargo de poder dentro la cosa pública.

Es publicidad engañosa que ciertos aspirantes a la Alcaldía de Cartagena prometan que van rescatar la ciudad del enredo en que se encuentra; o que pueden acabar con la corrupción con solo cuatro años de gobierno. Perdóneme, señor lector, pero me extraña que personas que, se supone, saben mucho más de política que yo, se llenen la boca haciendo tales afirmaciones; y mucho peor cuando en su fuero interno tienen muy claro que la que aspiran a gobernar es una ciudad demasiado compleja, en donde los entramados que la están llevando al despeñadero no indican que deba ser un solo alcalde el destinado a poner la casa en orden.

Traten la seriedad. El asunto no es como tener una varita mágica o mover los labios (como hacía Hechizada) y zas, se compuso todo. Se necesitan como cuatro o cinco alcaldes para sacar la ciudad del basurero en que se encuentra. Pero esos alcaldes no solo deben llegar en línea al Palacio de la Aduana. También deben estar sintonizados en los mismos objetivos, constituyéndose cada uno en la continuidad del anterior. ¿Sí o no, señor lector? Pero creo otra cosa: obnubilados con su propia publicidad engañosa, los candidatos que creen tener la varita mágica parecen no estar interesados en trabajar por conseguir lo más trascendental y urgente: un nuevo elector. Lo he dicho varias veces (bueno, varios lo han dicho): los cartageneros no sabemos votar.

Y no es ningún invento. Las estadísticas lo ilustran mejor: de las 700 mil personas que están habilitadas para ejercer el derecho al voto en Cartagena, solo lo hace la mitad; y una gran parte de esa mitad acude a las urnas pensando con el corazón y con el estómago, raras veces con la cabeza. Eso significa que se necesitan esos cuatro o cinco alcaldes, sí; pero primero un ciudadano consciente, empoderado y lleno de sentido de pertenencia para elegirlos.

Señor lector, creo que usted (que sí sabe de política) piensa lo mismo que yo: ese trabajo debe iniciarse con niños y jóvenes. Los adultos de ahora somos los ciudadanos que ya venimos contaminados con la desidia e intereses personales y de grupo que nos indujeron a elegir a los mismos mequetrefes de siempre. El resultado: el chiquero de ciudad que ahora tenemos y que ni nosotros mismos soportamos a veces.

Espero su correo, señor lector.

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