Una catástrofe

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Es imposible no seguir hablando de Venezuela. La película de terror del vecino país cada vez se pone peor, más angustiante y temerosa.

Resulta insólito que un país con tanta promesa haya sufrido cinco días a oscuras. Cinco días de miedo, sin comida, hospitales colapsados, y demasiados muertos.

De los días de oscuridad en Venezuela me quedaron varias apreciaciones: por un lado, cunde el miedo, las muertes masivas y el claro conocimiento de un gobierno del mal estado de sus plantas eléctricas.

Si ya el gobierno venezolano tenía a su gente muriéndose de hambre, ¿sería entonces un intento de homicidio el haber permitido que llegaran a ese punto y que tantas personas se murieran a falta de luz?

Siendo un poco dramática, a mí me recordó mucho a lo que se lee y se puede investigar del holocausto. De pronto no es que aplique con exactitud la comparación, pero el haber sido permisivos y tolerantes con que eso pudiera pasar, y por tantos días (sin conocer cómo es el procedimiento de arreglarlo, aunque tampoco tengo por qué justificarlos) dejando morir al pueblo venezolano - en especial a las personas en los hospitales dependientes de máquinas- es un exterminio de su pueblo.

¿Muy dramática? Quizás. Pero creo que situaciones como estas que generan tanto drama y desasosiego merecen ser tratadas con igual de intensidad para que algún tipo de cambio suceda. Se necesita intervención. Se necesita ayuda. Se necesita acabar con esa barbarie.

Del Maduro no tengo nada bonito que decir. En una reciente entrevista con una periodista de la BBC se ve perdido en sus pensamientos y en su arrogancia. Dando sus respuestas practicadas y atacando cuando ya se siente contra las cuerdas. Un hombre que está dispuesto a creerse sus mentiras así implique sacrificar a su tan “amado” pueblo venezolano. En definitiva, este hombre y sus seguidores están siendo cómplices de un holocausto moderno.

No tiene perdón de Dios.

Lo triste es que mi Colombia sufre de estos males día a día. Hospitales sin instrumentos primordiales para curar a sus enfermos, municipios sin servicios básicos, niños sin educación. Podría seguir y seguir.

Fácil resulta analizar la película del país vecino porque es la que vemos todo el día. La que sorprende porque sabemos que era un país rico y que nos llevaba ventaja. Pero bastante tenemos por hacer nosotros con nuestra gente. Aquí también se mueren de hambre en la calle y en los hospitales.

Y desgraciadamente, el querer ayudar a los hermanos venezolanos intensifica la dificultad al prestar el servicio. Claro, gracias a la alta corrupción. Hoy somos nosotros quienes estamos bien. Esperemos no ser otra triste historia en el camino.

*Abogada

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