Una marea de optimismo

20 de abril de 2010 12:00 AM

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El aumento del favoritismo por la fórmula presidencial de Antanas Mockus y Sergio Fajardo no sólo se ve en las encuestas, sino en las calles de pueblos y ciudades, y en el desespero del presidente Álvaro Uribe, quien no pierde oportunidad para intentar desacreditar al ex alcalde de Bogotá, convertido en símbolo nacional de renovación política. Al Jefe del Estado parecen importarle poco las restricciones legales que tiene para intervenir en política electoral y actúa como jefe de debate de su ex ministro de defensa, Juan Manuel Santos. Los ataques presidenciales son, paradójicamente, los más disonantes de la contienda electoral, después del “agarrón” entre Nohemí Sanín y Andrés Felipe Arias. No obstante, son inversamente proporcionales al crecimiento de la llamada “marea verde”, que recorre el país involucrando a muchos indecisos, abstencionistas y “primíparos electorales”, quienes en últimas serán los que inclinen la balanza. Además del respeto conquistado por el profesor Mockus, por las enseñanzas múltiples que le ha dejado al país, por la demostrada honestidad y transparencia en el manejo de los recursos públicos y por la marcada diferencia en su forma de hacer política, se suma el gran carisma, eficiencia y capacidad de gestión del ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, lo que hace de esta dupla de matemáticos una opción muy atractiva para muchos colombianos cansados de los extremos y de la corrupción galopante. Pero independientemente de los buenos perfiles de la fórmula verde ciudadana y sus cartas por mostrar, el paulatino “desinfle” del candidato de la seguridad democrática obedece en buena parte a las nuevas revelaciones sobre la guerra sucia que desde las propias instituciones del Estado se fraguaron y ejecutaron contra los opositores del Gobierno. La divulgación parcial de los documentos encontrados por la Fiscalía en el DAS, con motivo del escándalo por las “chuzadas” ilegales, demuestran un ejercicio del poder perverso y aberrante. Recomiendo escuchar el editorial valiente que al respecto emitió Juan Gossaín en RCN Radio la semana pasada. Si las monstruosidades cometidas en el DAS, la ejecución de los falsos positivos indignantes por parte de militares, y los casos de corrupción en la Armada Nacional por pago de comisiones ilegales en la compra de equipamiento naval, no fueron advertidas por el entonces Ministro de Defensa, ¿qué más se le podría pasar por alto como Presidente? Hasta uribistas enconados expresaron sus dudas sobre si el principio de seguridad democrática que los sedujo, debe estar por encima de todos los parámetros y principios. Independientemente de discursos en plaza pública y entrevistas a los otros candidatos, es claro que el país decidirá en las elecciones de mayo entre dos opciones: Mockus o Santos, y lo que encarna cada uno. El entusiasmo en Cartagena por parte de muchos ciudadanos, especialmente jóvenes, por sumarse a la campaña de Mockus y Fajardo, sin compromisos de militancia, indica lo que ocurre en Colombia. La desesperación comienza a causar estragos en quienes se sentían herederos seguros de los destinos del país, mientras que la marea verde sigue regando las esperanzas de transformación en todo el territorio nacional. *Trabajador Social y periodista, docente universitario, asesor en comunicaciones. germandanilo@hotmail.com

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