Una oportunidad para Cartagena

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Derrotar la corrupción en la ciudad es un propósito de fundamental importancia que exige el diseño y la puesta en marcha de un plan de acción claro y concreto que oriente el desarrollo de un profundo proceso de transformación estructural del Estado y la democracia local.

Como una serpiente que se devora a sí misma, la corrupción no solo es una causa esencial de la ineficiencia de la administración pública, también es la principal consecuencia del quiebre del contrato social, ese acuerdo tácito mediante el cual la ciudadanía delega su confianza en el gobierno, para avanzar en la materialización de sus derechos y aspiraciones.

El incumplimiento sistemático del contrato social por parte del Estado corroe la confianza ciudadana en el sistema político; y es esa desconfianza la que permite que el oportunismo se convierta en el modus vivendi de unas poderosas minorías, ante el trágico desentendimiento de las mayorías.

Derrotar la corrupción en la ciudad exige, entonces, que aprovechemos la coyuntura para configurar una amplia y sostenible coalición ciudadana que tenga como propósito recuperar la confianza en lo público; reconstituir el contrato social.

La oportunidad es ahora. Aunque la configuración del Concejo Distrital y la instrumentalización política de las ramas judicial y de control serán grandes obstáculos, la votación obtenida por el alcalde electo y las demás candidaturas no alineadas con las maquinarias políticas de la ciudad, sumadas al voto en blanco, constituye el 63%, casi dos terceras partes, del electorado. Además, diversos e interesantes sectores de la ciudadanía – líderes sociales, gremios, universidades, entre otros – han expresado de formas muy concretas su apoyo al alcalde electo.

La ciudad cuenta hoy con una sociedad civil preparada, organizada y activa, así como con valiosas experiencias cívicas de democracia deliberativa, expansibles y susceptibles de ser recreadas.

El nuevo alcalde tiene la oportunidad de congregar a toda Cartagena alrededor de una reflexión colectiva sobre el bien común que permita construir una visión de ciudad basada en una planeación ampliamente concertada y técnicamente rigurosa.

Es el momento de formular una estrategia sistemática y seria de lucha frontal contra la pobreza, articulada con políticas públicas enfocadas en garantizar estructuralmente tanto la salud fiscal de la ciudad como la equidad en el acceso a bienes públicos de calidad, en el marco de un plan de ordenamiento territorial transparente, diseñado de forma técnica y democrática.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UTB.

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