Una pandemia desigual

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La pandemia de coronavirus pone a prueba a las sociedades: es una prueba de liderazgo político, de los sistemas de salud, del contrato social, una prueba de nuestro propio tejido. Ante este enorme desafío, corremos el riesgo de profundizar las inequidades sociales y de salud. La enfermedad del coronavirus presenta mayores riesgos para los grupos ya vulnerables, como los ancianos y las personas con discapacidad, la población carcelaria e inmigrantes. El riesgo de infección y mortalidad es mayor para las personas con afecciones de salud y comorbilidades subyacentes y para las personas con desventajas socioeconómicas y los grupos minoritarios étnicos y raciales.

Las inequidades sociales crean y perpetúan las inequidades en salud y la propagación del virus. Los determinantes sociales están íntimamente relacionados con los trabajos y el nivel educativo, con nuestro género, edad y con el lugar donde vivimos. Las tasas más altas de exposición al virus están asociadas con los trabajos esenciales que no cuentan con protección adecuada contra infección, que laboran en espacios físicos reducidos, trabajos sin licencia por enfermedad o la capacidad de trabajar desde casa, entre otros. La marginación social, la informalidad laboral, un menor acceso a alimentos nutritivos y una inadecuada cobertura y atención en salud son el resultado de decisiones y políticas que carecen un enfoque que prioricen los determinantes sociales de la salud.

Hoy sabemos que la variabilidad en la susceptibilidad es una característica común de muchas enfermedades y está altamente influenciada por los entornos en los que vivimos. Cada vez hay más pruebas de que las afecciones que amenazan la salud en las primeras etapas de la vida, incluyendo la desnutrición, la exposición a contaminantes y el estrés familiar asociado con la pobreza, el racismo y otras formas de desventaja económica o social, pueden tener efectos perjudiciales para el desarrollo del sistema inmunológico que conduce a un mayor riesgo de problemas de salud crónicos (enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes). En pocas palabras, las inequidades sociales aumentan la susceptibilidad a los tipos de problemas de salud que resultan en un mayor riesgo de complicaciones por COVID-19.

Mirando hacia el futuro, las familias de bajos ingresos también podrían enfrentar las dificultades de la recesión económica, que probablemente seguirá a la pandemia. Las recesiones anteriores han exacerbado los niveles de pobreza extrema con consecuencias a largo plazo para la salud. Seguimos ciegos ante la realidad extremadamente desigual de nuestra ciudad. Ante la crisis del coronavirus toca actuar política, administrativa y científicamente para mitigar las ya alarmantes inequidades en salud.

*Médica Epidemióloga, Magíster en
Políticas Públicas y Economía de la Salud.

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