Columna


Una semana inquietante

IGNACIO MADERA VARGAS

22 de mayo de 2022 12:00 AM

No me refiero a las inquietantes versiones por los ruidos de todo timbal que resuenan en este tiempo cercano a las elecciones presidenciales sino a la celebración de la Semana Laudato Sii que conmemora un aniversario más de la Encíclica del papa Francisco sobre el cuidado y la preservación de la creación.

Como tantas otras propuestas podemos trivializar el sentido mayor de un asunto que compete a la humanidad toda, pero en especial a los grandes grupos económicos del mundo que controlan las multinacionales, principales depredadoras del ambiente. El papa Francisco ha tenido una valentía singular en Evangelii Gaudium, carta programática de su pontificado, al señalar la urgencia de frenar una economía que mata, que genera pobreza y exclusión y destruye el planeta.

Celebrar la semana Laudato Sii es volver la mirada hacia la necesidad de cuidar la creación siendo quienes asumimos la fe como cristianos, mujeres y hombres comprometidos con toda lucha por la defensa del aire, de la tierra, de las selvas y los bosques, los jardines y su fauna, pero primariamente de los pobres, primeras víctimas inocentemente condenadas por las tragedias que genera el cambio climático, y ello es irónico. De allí que el papa Francisco nos urja a la consolidación de una ecología integral, humana, que tenga en cuenta el escenario, pero igualmente al actor racional del drama de la vida en el planeta, el ser humano.

Nuestros ríos de ayer son cloacas de hoy, nuestra bahía de Cartagena de Indias, en la cual se podía pescar y disfrutar alegremente del fruto de la pesca en nuestra adolescencia y juventud está contaminada y escasean, si no es que ya no existen, los peces consumibles. Nos hemos acostumbrado a la pestilencia de las aguas en varios sectores de la ciudad y no nos da vergüenza que ello sea motivo de críticas por parte de turistas y visitantes de otros lares. De allí que recordarnos la necesidad de luchar en todos los frentes que nos sea posible por un cuidado de los pobres y el planeta, siga siendo lo que nos genere sana inquietud, más allá de las campañas y promesas a borbotones, sin posibilidades reales de cumplirse.

La responsabilidad es de todos. Bien nos lo recuerda el papa Francisco cuando señala: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral pues sabemos que todas las cosas pueden cambiar” (Laudato Sii,13).

Y podemos añadir, que así sea en América Latina y en esta Colombia que espera que su verde mar y sus praderas y montañas, sigan proclamando la gloria de Dios y la obra de sus dedos.

Teólogo, religioso de la Comunidad Salvatoriana.

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