Unas palabras

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En este oficio de escribir opinión, se van aprendiendo muchas cosas sobre una variedad de asuntos. Una de ellas, a desconfiar de las cifras, y de las conclusiones de estudios científicos, que, refiriéndose al comportamiento del ser humano, pretenden tener la rigurosidad de las matemáticas, o de las ciencias exactas.

Muchos autores soportan sus argumentos en datos y estudios -económicos, por ejemplo, es elegante- sin conocer la metodología, ni la fecha en que fueron obtenidos; y por lo tanto, sin conocer su aplicabilidad: si se pueden, o no, extrapolar a nuestro país, y compararlos. En el caso de la salud, hay, además del efecto placebo que se puede neutralizar, una multiplicidad de factores que influyen en los resultados. Los tomo como indicativos, no como concluyentes. Y en el de la psicología, que es aún más incierto, siempre es posible cotejarlo con la experiencia.

La senadora Vivian Morales se ha apoyado en un estudio de la psicóloga infantil de la universidad de Yale, Kyle Pruett, para promover un referéndum y evitar que los homosexuales contraigan matrimonio (a esa unión -pienso- se le puede dar cualquier otro nombre, y reconocerle los beneficios económicos de las uniones heterosexuales); y qué tanto ellos como los solteros, puedan adoptar hijos.

El editorial de El Espectador del día 23 de agosto, considera que la estudio ha sido utilizado de manera caprichosa y estratégica por la senadora. Pruett afirma que, “los hombres son importantes en la vida de los niños” (obviedades, las mujeres también); y posteriormente respondiendo a una entrevista en la revista Semana que, el estudio no discrimina entre homos y heterosexuales, universalizando la denominación de hombres.

A mi modo de ver es la psicología de cada género, más que los genitales, la que aporta al niño un desarrollo normal, y la cita ha sido bien utilizada, porque esa dualidad de psiquis no se da en las parejas homosexuales, ni en los solteros. Entonces, cuando la psicóloga se refiere a “hombres”, tenemos que entenderlo, igual que Vivian, como al hombre heterosexual.

No veo la necesidad de que lo que no es natural, se quiera hacer ver como tal. En esas adopciones existen muchos riesgos: desde el hecho de imprimir un patrón de conducta inapropiado al género del hijo adoptado, como el de propiciar violaciones. Riesgo que también existe en la adopción de parejas heterosexuales, pero que son menos frecuentes por tratarse de hogares en los que las parejas se controlan mutuamente.

No es homofobia; la humanidad le debe mucho a los homosexuales. Pienso que por la focalización de la líbido; en otras palabras, porque, no debiendo dedicar mayor tiempo al hogar (relaciones de pareja, educación de hijos y sustento económico) lo ocupan en el arte, los deportes, la política y la ciencia, en las que se destacan.


movilyances@gmail.com

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