Columna


Vencer las condenas

RAFAEL VERGARA NAVARRO

04 de diciembre de 2021 12:00 AM

Tener un sueño como Martin Luther King es liberar la utopía de ver o vivir un futuro con realidades innovadas, es un escudo ante la ambición, la corrupción, el obstáculo, la injusticia, la incultura, la agresión o el miedo.

Veo esperanza en mi sueño al visualizar que sentir y sufrir la fiebre global y la pandemia multiplicó la gente que cuida de sí, del territorio y el espacio que nos alberga, y lo digo porque pese a la persistencia de conductas inadmisibles, son cada vez más los que en defensa del bien común, alzan su voz y accionan. Cada vez es mayor el peso social de los entes ambientales y la justicia en la regulación de las cargas entre lo económico y lo ecológico, en frenar el abuso sobre el capital natural, en que la producción preserve el ambiente de nuestra ruidosa ciudad azul, verde y sus grises. Cartagena emporio de luces, alegría, riqueza y pobreza que duele hondo y convoca a derrotar unidos sus históricas condenas.

Otra de ellas es la invasión constante de los cuerpos de agua deforestados, rellenados desde siempre y, según el estrato, de manera formal o informal. Sobre cadáveres de manglar se levantan edificios, hoteles, casas o viviendas precarias, barrios. Son referentes de la historia ambiental, y del peso masivo o selectivo de la ocupación del suelo de la nación, que urbanizado pasa por encima de la protección constitucional del patrimonio público. Prescripciones de lo imprescriptible, ventas de Edurbe, notarizadas escrituras de posesión registradas, o abusos del derecho ancestral de ocupación con ventas de la zona protegida, lo que prohíbe la Ley 70/93. Son realidades, defensas y artilugios que exigen respuestas judiciales.

Dos caras de una moneda. Mientras el pobre alega en su defensa confianza legítima y reubicación, unos vivos logran que un juez otorgue un interdicto posesorio frenando a la autoridad en su defensa de la zona costera. Vergüenza viva.

De todo se encuentra, entre otras, la deforestación en La Boquilla que no ve y calla el Consejo Comunitario y ya es normal para la autoridad local, para todos. Algunos alegan insultantes su “derecho” a talar y vender. Son más de 5 hectáreas entre los puentes La Boquilla y Caño Luisa.

Necesitamos en toda la jurisdicción una política de choque que detenga la continuidad del delito, que la ciudad sepa que la decisión es no admitir la deforestación o el ecocidio. ¡Que habrá sanción!

Veo al Ecobloque ejerciendo control desde un centro de operaciones donde concentre información, responda denuncias, averiguaciones y se opere con vigilancia satelital y patrullajes combinados permanentes de la Guardia Ambiental, Cardique y/o el EPA con la Policía Nacional y/o la Armada en la zona rural e insular.

En mi sueño hay victoria, porque pensando con el deseo veo unión e inversión del Estado en la protección: recuperación, resiembra, restauración, procesos judiciales y reubicación digna en suelo seguro.

*Abogado ambientalista y comunicador.

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