Columna


Venta de Nutresa

SIMÓN GAVIRIA

02 de diciembre de 2021 12:00 AM

Hace dos semanas, sin pena ni gloria, murió General Electric, el principal conglomerado del siglo XX. En 2003 era la empresa más valiosa del mundo, pero su opaca estructura de gobierno corporativo la llevó al declive. Vínculos con el sector financiero debilitaron la toma de decisiones, al no tener disciplina en el costo de capital. Los avances en tecnología desvirtuaron las sinergias de mantener actividades no relacionadas con un mismo dueño. Sus competidores Siemens y Dupont abandonaron el modelo de conglomerado para ver sus acciones rendir mucho más. Los vientos de cambio que soplan globalmente, no solo GE sino también Toshiba y Johnson & Johnson, están llegando a Colombia.

Independientemente de su éxito o no, la OPA por Nutresa valora la compañía en 38% su valor en bolsa, traería al país más de $8,0 billones en inversión fresca. En un momento en que nuestras élites económicas están tomando posturas defensivas, es reconfortante que alguien siga creyendo e invirtiendo en el país. Ojalá hubiera menos compra de casas en Madrid y Miami y más entusiasmo por expandir plantas.

A pesar de un gran grupo de ejecutivos, como Carlos Ignacio Gallego, de los mejores de Colombia, el “descuento por conglomerado” le pasó factura a la acción de Nutresa. En pesos colombianos el precio de la acción no ha aumentado en la última década, en dólares perdió 50% de su valor. Lo increíble es que esto ocurrió mientras su EBITDA aumentó 11% anualmente desde 2005. Su buen comportamiento se debería ver reflejado en la acción, pero no ocurre.

Una integración horizontal puede tener como beneficio lograr escala sin temor a la regulación de competencia. Usualmente estos ejercicios ocurren en periodos de bonanza donde deuda barata facilita adquisiciones, pero al salirse de su especialización industrial, usualmente se destruye valor. Las empresas acaban valiendo menos que la suma de las partes. No es obvio que chocolates y seguros generan sinergias.

En los 50, cuando había menos opciones de inversión, el conglomerado ofrecía distribución de riesgo. Hoy esa lógica se agotó, la gran variedad de productos financieros permite que el inversionista diversifique su portafolio a su medida. En el caso de Nutresa, el conglomerado no obedece a una decisión estratégica sino al legado de proteccionismo empresarial, el castigo accionario es aun mayor. La acción se disparó después del anuncio.

¿Por qué nadie lo había hecho antes? La estructura del GEA incluye restricciones. A parte de su tamaño, tener la propiedad de más del 10% de una entidad financiera requiere un permiso de la Superfinanciera que toma varios meses. La posibilidad de que un tercero aparezca a último minuto a salvar el conglomerado no es posible. Otras empresas del GEA puede que no logren hacerlo por tener información privilegiada. Una muralla tan alta que una vez se salta, nadie más puede meterse a competir.

A principios de 2000 empezó un proceso de modernización del GEA, lo no estratégico se vendió como el Éxito y Coltabaco. La OPA puede fracasar por razones políticas o alguna leguleyada, pero el precedente ya está sentado. Hacia adelante si el conglomerado no lidera su separación alguien más lo hará. Los mercados no tienen corazón, los argumentos de regionalismo tienden a perder frente a los de ganancias.

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