Vidas paralelas

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En medio del fragor de la guerra de los 100 años, y, luego de dos meses de combates por el norte de Francia, unos 10.000 cansados y famélicos ingleses intentaban devolverse a Inglaterra. Por el contrario, las descansadas tropas francesas eran de 30.000 a 60.000 y algunas versiones dicen que eran 100.000. El viernes 25 de octubre de 1415, ad portas de la desigual batalla de Agincourt, Enrique V hizo, según Shakespeare, la arenga más hermosa que haya escuchado: “si hemos de morir, ya somos bastantes para causar una pérdida a nuestro país; y si hemos de vivir, cuantos menos hombres seamos, mayor será nuestra porción de honor” y a renglón seguido el maravilloso final del discurso perfecto: “nosotros pocos, nosotros felizmente pocos, nosotros, una banda de hermanos; porque el que hoy derrame su sangre conmigo será mi hermano, por vil que sea; este día ennoblecerá su condición: y los caballeros que están ahora en la cama en Inglaterra se considerarán malditos por no haber estado aquí, y tendrán su hombría en baja estima cuando oigan hablar a alguno que luchara con nosotros en el día se San Crispín”.

Con semejante estímulo hasta yo hubiera combatido. La historia demostró el impacto de tales palabras: solo 112 ingleses fallecidos mientras que por los franceses hubo casi 10.000 muertos y varios miles de prisioneros. En realidad, no se sabe si tal discurso ocurrió. Pero, una arenga así pone los pelos de punta con solo leerla, así haya sido un invento de Shakespeare.

Está claro que el Enrique V histórico fue un valiente guerrero desde los 12 años. Sin embargo, el Enrique V, el de Shakespeare, además de valiente y hábil, estimulaba por igual con la habilidad de palabra y la majestuosidad del ejemplo y que, abocado a la catástrofe de una inevitable derrota aguijoneó a sus soldados, el líder por antonomasia.

Ya les he hablado de la obra de Plutarco, “vidas paralelas”. En ella el autor compara la vida de figuras griegas y romanas. Tengo para mí que las vidas del Enrique histórico y del de William Shakespeare corren paralelas en tiempo y espacio y quisiera creer que son muy cercanas entre sí y, más aún, que ambas están muy próximas a la realidad.

Así mismo son nuestras vidas, corren en paralelo: por un lado lo que los demás ven y piensan de nosotros y, por el otro, lo que nosotros creemos y/o queremos mostrar. Algo parecido ocurre con nuestros dirigentes y políticos: la imagen que ellos reflejan o representan es muy diferente a la realidad. La distancia entre una y otra puede ser, en veces, más grande de lo que quisiéramos. Creo que la coherencia (relación entre pensamiento y acción) es la variable que determina la distancia entre una y otra. A mayor coherencia mayor será la cercanía entre las dos. En todos, la realidad de la vida, tarde o temprano es descubierta por el inexorable, insensible e implacable juez que es el tiempo.

*Profesor Universidad de Cartagena

crdc2001@gmail.com

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