Violencia química

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la violencia se define como el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. No obstante lo anterior, la complejidad y matices del término suelen cambiar según el contexto y autores, aunque en general, la acción de producir daño a sí mismos o a los demás, puede considerarse un acto violento. 

Entre los efectos de la violencia, en especial contra las mujeres, algunos muy citados son la esterilidad, complicaciones de embarazo, abortos, alteraciones menstruales y psicosomáticas, pérdida de memoria, entre otros. Estos problemas, por coincidencia, también aparecen en mujeres expuestas a plaguicidas, en su mayoría cabezas de hogar, que deben usar estos productos en las labores del campo.

Para tipificar estos efectos como producto de un acto violento, es necesario el sujeto que lo causa, de tal forma que pueda acuñarse el concepto de violencia química, en este caso, por exposición a plaguicidas. Aquí hay varias posibilidades teóricas: la primera podría incluir a agremiaciones de agricultores que fomentan usar estas sustancias sin explicar los riesgos a las mujeres aplicadoras. En el Magdalena Medio es reiterativo escuchar que federaciones de agricultores capacitan sobre usar y manejar plaguicidas, dejando por fuera temas básicos como los daños derivados de exponerse a estos tóxicos cuando se fumiga, en muchos casos, en presencia de niños. Para estas entidades las mujeres pueden ser tan fumigadoras como los hombres, sin importar que ellas, en edad reproductiva o en embarazo, son muy susceptibles a sufrir daños irreversibles por el contacto o inhalación de estos químicos, algunos prohibidos internacionalmente.

Otro posible sujeto serían las grandes empresas productoras de plaguicidas, que en muchos casos, a través de agrónomos, juegan un papel dual: son asesores para los agricultores, y representantes de productos para estas compañías, algo similar a lo que pasa con los laboratorios farmacéuticos. Esto es muy común en veredas en donde la única respuesta posible a los problemas del campo la ofrecen estos personajes.

¿Estamos ante casos de violencia química? Vale la pena el debate, la validación de términos, pero ante todo, actuar para que las mujeres del campo tengan acceso al trabajo digno sin comprometer su salud.

 

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS