Columna


Volver a “El Principito”

“Algunos opinan que el amor se encuentra en el interior y es una realidad reflejada al menos entre parientes; yo pienso lo contrario, cuando (...)”.

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

12 de diciembre de 2019 12:00 AM

La sociedad está embriagada de odio. Ese sentimiento pretende posarse en todos los segmentos vitales y con razón se dice, nos une más el rencor que cualquier otra cosa. Algunos opinan que el amor se encuentra en el interior y es una realidad reflejada al menos entre parientes; yo pienso lo contrario, cuando se tienen buenos sentimientos; solo cariño, felicidad y paz se puede irradiar. Por eso, y ante el evidente derroche de malas emociones, dudo que la projimidad esté guiándonos.

Ante este triste escenario es necesario volver a las enseñanzas de El Principito, libro de Antoine De Saint-Exupéry, piloto y escritor francés quien murió a los 44 años, presuntamente en las aguas del mediterráneo cuando su avión fue derribado por un aviador alemán. Esta obra fue dedicada a su mejor amigo León Werth descrito por él como un adulto con alma de niño; y, se constituye en una guía hermosa sobre las diferencias, haciendo un memorable culto al amor, ese que tanta falta nos hace.

En esta pieza literaria se alude a los diversos viajes realizados por El Principito hacia varios planetas y las experiencias con sus habitantes; siendo pertinentes para el ambiente actual evocaré tres de ellos. El primero es un encuentro con El Rey, quien hacía gala de su inmenso poder en desuso por ausencia de súbditos, es preciso destacar las acertadas conclusiones de este personaje, quien no emitía una orden imposible de cumplir, fundado en el acertado criterio: la autoridad reposa sobre la razón. Tengo derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.

El segundo momento para resaltar es con El Vanidoso inmensamente preocupado por la opinión ajena y con necesidad extrema de ser adulado, es necesario detenernos en la gigantesca verdad que subyace del episodio: los vanidosos no oyen sino las alabanzas.

Como tercer suceso importante, y para mí, el más glorioso, es la vivencia con El Zorro, este aparte revela la importancia del amor y la amistad, la forma perfecta como se logran fortalecer los lazos de hermandad, despojándose del egoísmo, siendo compasivos, perdonando y ubicándose en los pies de otro cariñosamente: si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo (...) si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré... Para lograrlo, el zorro regala el mejor de los secretos, el cual hoy imploro, les llegue a todos: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

La sociedad de odios no es el final, es una tendencia obligada a desaparecer y la solución la tenemos en nuestras manos, el cambio hacia el amor, que se gesta sinceramente en cada individuo y de ahí inevitablemente se esparce a la comunidad. Hagamos viral el afecto, volvamos a El Principito.

*Abogado.

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