Vuelve y juega

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Increíble la determinación de los animalistas y veganos por acabar con la ganadería colombiana. Se creen con el derecho de imponer sus postulados a todos. Es tal su ignorancia en el tema, que suministran a un noticiero un video de un embarque de ovejas (Colombia no las exporta) y un ganado que no es colombiano, para probar el maltrato. Para ganarse la opinión pública, han bautizado a las naves en que se transporta el ganado como ¨los barcos de la muerte¨, como si a los propietarios de los animales les fuera negocio gastarse una millonada para que lleguen muertos a su destino y así perder su inversión. Por tanto, la concejal Andrea Padilla y el representante a la Cámara Oswaldo Arcos, presentaron un proyecto de ley que busca prohibir la exportación de ganado en pie; argumentan que exportemos en frío, pero eso no es posible en el mediano plazo por muchas razones técnicas. A este movimiento se suman los frigoríficos, cuyo único interés es quedarse como dueños absolutos del ganado colombiano e imponer sus precios y condiciones como venían haciéndolo. En este país, donde se supone que hay libre empresa, es inaudito que algunos se sientan con el derecho de dictarnos a quién y a cómo vender lo que por derecho nos pertenece y nos hemos ganado con nuestro trabajo honrado. Exigimos las mismas garantías que tienen los sectores de la economía a vender al mejor postor, lo contrario sería atentar contra una actividad de donde derivan su sustento más de 650 mil familias, sin contar los empleos directos e indirectos.

La exportación de ganado en pie ha sido una bendición, y así lo demuestra el crecimiento del hato nacional. Desde las trágicas inundaciones del 2010, pasando por el deterioro de las relaciones con Venezuela que nos compraba ganado sacrificado y el cierre de varios países a nuestra carne por brotes de aftosa, las exportaciones en frío han demostrado ser esquivas y limitadas, mientras que las del Oriente Medio en pie se han mantenido siempre y creciendo, pues en esa zona aprecian nuestros animales. Nos hemos ganado a pulso ese mercado promisorio y no podemos perderlo por un caso de maltrato ajeno. Con la pandemia, el consumo de carne en Colombia ha caído y el precio del ganado llegaría a niveles insostenibles si se cierran las exportaciones en pie, llevando a la ruina a un gremio donde el 80% de los ganaderos vive en pobreza con menos de 20 cabezas.

Somos los más interesados en medidas que garanticen el bienestar de los animales, para eso hay barcos modernos, certificados por la OIE. Apelo al buen juicio de nuestros congresistas para que no tomen una mala decisión, y a los animalistas y veganos, que dejen de jodernos y no coman carne si no quieren. Hay millones en el extranjero esperando nuestros animales y nuestra carne.

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