Columna


WILLIAM DAU: ¿Acabará la corrupción en Cartagena?

ALCIDES ARRIETA MEZA

10 de agosto de 2020 12:00 AM

El “Libro Blanco “, expresión originaria del imperio británico, herramienta de trabajo y nombre que el alcalde de Cartagena, William Dau Chamat, dio a presuntas conductas delictivas realizadas en administraciones anteriores, acabó con la cacareada frase “ no hay que poner espejo retrovisor, “ que significa inmunidad y tranquilidad para los corruptos.

La denuncia de esos actos, por parte de la administración DAU, es ajustada a la constitución y a la ley, toda vez que muchos de los casos publicitados son conductas que deben ser investigables de oficio. Esa era y es su obligación legal.

En ese contexto debemos señalar que los hechos denunciados contienen señalamientos que deben ser rigurosamente escrutados por los órganos correspondientes, proceso en el cual la administración distrital debe constituirse en víctima, a efectos de apoyar dichas pesquisas. Esta es también, su obligación jurídica.

En la exposición del “libro blanco “, se anunció también que habría “domingos de denuncia, creería que estas podrían abordar presuntos hechos delictivos de varias administraciones, mientras que no haya prescrito la acción penal, pero también esperaría que la administración Dau, escuche las voces críticas y de sectores opositores que reclaman transparencia en su administración, es decir mirar hacia adentro, con absoluta Imparcialidad.

Las denuncias del alcalde, William Dau Chamat, no quedaron sin respuesta, surgió una forma de antítesis, el “Libro de la Verdad,” Jacqueline Perea Blanco, es su creadora, ésta, que sin refutar las denuncias del alcalde, en ejercicio del control social y de la participación ciudadana, denunció conductas presuntamente irregulares atribuibles al mandatario y a sus más inmediatos colaboradores, estos hechos, al igual que las realizadas por el mandatario distrital están sometidas al escrutinio ciudadano y judicial. Estos organismos tienen las respuestas.

La ciudadanía al final, será el juez de la opinión pública, a ella le correspondería, discernir si la normal controversia y pugnaz rivalidad política, entre el Libro Blanco y el Libro de la Verdad, propio de una democracia en proceso, busca la defensa del patrimonio público y de la moral pública y no otros intereses, porque, “La política es la lucha por el poder”, sentenció Karl Loewenstein.

Eliminar la corrupción como fenómeno global y local, sería una utopía, por cuanto esta es estructural, tiene raíces profundas, poderosos de blindajes, y vigorosas complicidades, sin embargo, si a estos vicios se les agrede sistémica y permanentemente, se debilitarían sus armaduras y neutralizarían sus efectos.

La deshonestidad público- privada como fenómeno mundial, está siendo atacada, las sociedades cada día más, ha adquirido más conciencia de la necesidad de extirpar esas depravadas, pervertidas y putrefactas formas de devastación del Estado, causantes de catastróficas ruindades y muchísimas formas de pobreza, porque, “ El siglo XXI será ético o no será.” Gilles Lipovetsky.

El proceso de instalación de la, ética pública, no tiene marcha atrás, esfuerzos institucionales y ciudadanos lo confirman, sin embargo su éxito, también depende de acciones urgentes, reingeniería humana y estatal que privilegien la integridad y la cultura de la transparencia como forma de vida.

Es necesario entonces, seguir creando las condiciones, para que las virtudes sociales, invadan todos los territorios, la familia, al individuo, a la sociedad, al Estado, como práctica social de la mano de una educación y pedagogía colectiva, soportada en los saberes ancestrales, estos, códigos morales vigentes de existencia milenaria y de todas aquellas fuentes del conocimiento y de las buenas costumbres.

Abogado y profesor.

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