Y ahora

24 de abril de 2010 12:00 AM

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Uno de los índices más precisos para medir la seguridad, ha sido la cómica vanagloria que producen algunos momentos de euforia. Es un hecho que no hay borracho pobre. Casi todos se ufanan de sus bienes, del éxito alcanzado y de sus triunfos, casi siempre exagerados, si es que no son solamente el resultado de un sueño. Cuando se padecieron los peligros y las persecuciones de la guerrilla, los borrachos callaron, como diría la ranchera. Se volvieron prudentes. Ninguno volvió a hablar de riquezas y glorias imaginarias. Eran frecuentes las listas de posibles secuestrados que hacía la subversión. Las fuerzas militares señalaban estrategias. Aunque había algunos tontos que se molestaban porque no les habían incluido en la nómina para secuestrar, cuando ellos tenían recursos para estar en esa “honrosa” lista. Los Montes de María que hoy están llenos de pobreza y desaliento fueron polo de pujante economía. La catástrofe se le atribuye a cualquier factor, pero no a una insurgencia absurda y cruel. Esta zona se volvió encrucijada de emboscadas y madriguera de bandidos. Imperaba la zozobra. En las ciudades el boleteo alcanzó niveles escandalosos. Circulaban siniestros personajes ofreciendo pólizas de seguros en dólares para ampararse del secuestro. El “ejército del pueblo” exigía contribuciones “voluntarias” en metálico. Pero también requería bienes de intendencia y a veces pretendía con el terror, que las víctimas entregaran sus hijos y sus cosechas a esa pérfida organización. Surgió una especialización de negociadores de rescates. El Estado, sus dirigentes, la prensa, todos, manteníamos un silencio miedoso. Nadie hablaba en voz alta. Pocos protestaban. Un nuevo gobierno cambió radicalmente la situación. Los militares que salieron de los cuarteles, tuvieron mística y éxito. La cosa cambió tanto que la seguridad apareció. El Presidente gobernó con éxitos y entrega, pero casi que sin críticos. Los opositores eran pocos. A veces echábamos de menos alguna voz independiente. Quienes no votamos por el nuevo líder no pudimos desconocer sus logros. No intentamos conseguir favores. No recibimos contratos, ni empleos. Apenas seguridad. Algunas medidas no nos satisfacían pero el balance ha sido altamente favorable. Ahora una conspiración desde todos los ángulos sitia a un presidente con muchos éxitos y algunas equivocaciones. Pasaron de un besamanos genuflexo a la persecución artera. Se está acabando el período. Se volvieron acosadores, pendencieros y agresivos. La seguridad la quieren ensuciar. La confianza inversionista fue simple entrega de privilegios al capital extranjero. La suspicacia a cada acto de gobierno, para degradar lo alcanzado. Los programas de los candidatos opositores a Uribe, y los de continuadores de su gestión, no se estudian ni se comparan. Las encuestas dan unos resultados pero se comentan otros. Nos recuerdan un futbolero que creía qué, perder era ganar. No importa. El ganador es el de las simpatías de cada quien. TV, prensa y radio deciden reorientar el querer popular. Seduce la aventura. Cualquier idea estrafalaria adquiere “sex appeal”. Se considera tan digna de respeto como el trabajo y la sensatez. No se sabe lo que se tiene sino cuando se pierde, dicen otros. Cada uno escogerá una opción. *Abogado, Ex Gobernador de Bolívar y Ex parlamentario. augustobeltran@yahoo.com

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