Y, ¿cómo vamos?

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No puedo dejar de referirme a la publicación de los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana del programa “Cartagena Cómo Vamos”, es triste ver cómo estamos pensando y sintiendo nuestra ciudad.

Este resultado es otra demostración de los problemas sociales y políticos que hoy nos aquejan y sobre los que hay que trabajar; debemos entender que las necesidades en salud, educación, seguridad y movilidad, requieren de programas financiados y liderados por el Estado, que deben ser de largo plazo y, a la vez, responder a los requerimientos del desarrollo de la comunidad más que a apuestas de gobierno.

Quiero, de manera especial, resaltar que a la pregunta: ¿Se siente orgulloso de la ciudad?, el 50% de los cartageneros encuestados respondió que no. ¿Cómo es posible qué en una de las ciudades más emblemáticas de Latinoamérica, la que es el principal destino turístico y sede de los más importantes eventos de Colombia, su población no se sienta contenta y presumida de lo que es y lo que ella encierra? Imagínense, ese mismo interrogante en ciudades como Medellín y Bogotá; el 70% de los habitantes encuestados manifestó estar contento con su capital. Pero claro, esto no es gratuito y debemos reflexionar sobre los caminos a seguir. Uno de ellos puede ser continuar con nuestra actitud de indiferencia y crítica mutua, donde dejamos que otros tomen la decisión por nosotros porque no cumplimos con la ley (nos nombran alcaldes, nos cambian concejales, nos hacen los proyectos, nos manejan los recursos, etcétera), o asumimos el liderazgo empresarial, político y social, que exige hoy nuestro territorio.

Y volvemos a lo mismo, invitar a la reflexión y a entender que aquí no todos somos perfectos, pero si no abrimos el diálogo respetuoso entre empresarios, políticos y comunidad, no vamos a lograr sacar adelante nuestra ciudad. Necesitamos conciencia en los políticos en cuanto a su rol en el ordenamiento territorial y la redistribución de la riqueza, principales misiones del gestor público.

Se demanda de los empresarios articularse a los encadenamientos productivos regionales, que entiendan y respeten el poder y misión de lo público y se sustraigan de sus intereses particulares para pensar en los generales.

Por último, la sociedad, desde todos los ámbitos, debe concientizarse de la importancia de su participación en los procesos democráticos, se necesita que todos entendamos el poder de las urnas y nuestra acción como ciudadanos desde la construcción del territorio, pero también, desde el respeto a la función de los empresarios y de los políticos y funcionarios del Estado.

MARÍA CLAUDIA PÁEZ MALLARINO

*Presidente Ejecutiva Cámara de Comercio

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