Y ganó Petro

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Estos idus de marzo, han sido promisorios con Colombia en su tránsito hacia una real, viva, incluyente democracia en lo político; en abrir y despejar los caminos para allanar las crecientes, lacerantes, desigualdades en lo social y económico; para afianzar y consolidar la paz y garantizar la vigencia y desarrollo de los acuerdos que la hicieron posible y pusieron fin a un conflicto armado de más de cincuenta años, cuyo cumplimiento se presenta como el más idóneo y expedito mecanismo para enfrentar con soluciones efectivas y legales el conflicto social.

Para preparar el advenimiento de la modernidad en el aparato productivo y en la economía en su conjunto, hoy limitada y atascada en el atraso y la dependencia de un modelo de minería extractiva poco amigable con el medio ambiente y con los mercados ricos que, cada vez y en mayor cantidad, reducen su demanda y dependencia de lo que aquella produce, petróleo y carbón, y la reemplaza por energías alternativas y consumos limpios.

Para recomponer una Colombia deshumanizada por los desequilibrios sociales y la inequidad, agentes naturales de la violencia, la exclusión política y la tiranía de un poder que, al igual que en su particular provecho e interés acapara el Estado y la administración pública en sus divisiones, limita el crecimiento, expansión, diversificación, competitividad y productividad de la economía y el aparato productivo nacional, con la consecuente incapacidad para producir bienes de capital, empleo, ahorro, riqueza, ciencia y tecnología, que den en generar y procurar el estado de bienestar que demanda la sociedad colombiana.

Para eso, para recomponer, para enderezar lo torcido, para diversificar y dinamizar la economía, para crear riqueza en y desde el campo, para promover la inversión que genere producción, empleo y demanda de bienes, para consolidar la paz y desarrollarla como política pública, llega Petro con la Colombia Humana.

Para ponerle freno a la corrupción, para ejecutar políticas publicas de preservación del medio ambiente, para aumentar la cobertura y democratizar el acceso a la educación pública superior, para garantizarle a todos los colombianos su derecho a la salud, a la seguridad urbana y rural, a una justicia despolitizada e imparcial, llega Petro.

Ni autoritarismo ni extremismo ni nada que a tal se parezca o huela, representan o encarnan las propuestas y proyecto político de Gustavo Petro para ser presidente de Colombia; para gobernar y hacer efectivos para todos los colombianos, sin discriminar ni excluir, derechos que, no obstante estar preceptuados en la Constitución Nacional, nunca se han garantizado ni hechos efectivos.

Columnistas y “fogoneros” del altozano capitalino, manipuladores de la verdad, jueguen limpio.

*Poeta

@CristogarciaTap

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