Columna


Y llegó diciembre

LIDIA CORCIONE CRESCINI

23 de noviembre de 2021 12:00 AM

Y apresurados todos corremos de un lado a otro, reactivando la economía con el segundo día sin IVA y a pesar de la escasez de trabajo y pocos ingresos, da la impresión que un país como Colombia está hecho de hule, todo le rebota y subsiste a como dé lugar, sin importar el desorden, el caos y la inseguridad que se ha disparado exuberantemente, acabando a diario y con más fuerza que nunca con vidas humanas, sin consideraciones, con trampas, hurtos, atracos y grandes estafas, y seguimos en lo mismo y la corrupción presente y la autoridad ausente, y la romería parece fiesta y las fritangas callejeras jolgorios y bueno.

¿Quién soy yo para decir algo al respecto si en mis manos no está el 100 % de la solución? Claro que cada persona puede colaborar en comunidad a que las cosas cambien y mejoren, todos unidos como parches podemos hacer eslabones de extensas cadenas para ayudar a mermar tanto desbarajuste. Se habla de pobreza extrema cosa que es cierta, pero no se hace nada para mitigarla.

Si después de educación se diera garantía de un trabajo, si la mayoría por no decir todas las personas contaran con una oportunidad de conseguir un lugar donde poner en práctica su oficio o lo que sabe hacer, disminuiría en gran parte esta situación que cada vez causa mayor incertidumbre, tristeza y temor, porque comprobado está que quien se queja es acallado, quien denuncia es aniquilado y el que dice poder hacer algo pronto se ve enredado en las marañas del sistema y nuevamente va quedando todo a mitad del camino y quedan los lastres de decepción en los ciudadanos donde cargan las culpas y delitos ajenos por la omisión en hacer lo que debe hacerse.

Y llegó diciembre y todos colaboramos para las navidades de los más necesitados, porque es importante que, para una fecha de escarchas, luces y villancicos, los niños de padres sin recursos tengan un juguete que les cambie el instante y los haga sentir partícipes de una época bellísima de amor y alegría, aunque a los dos o tres días muerda su realidad contra la tierra y se mire las uñas curtidas con el barro que les llega hasta las rodillas porque allí es su vivienda y eso es lo que le toca afrontar.

En este desorden social si hay voluntad se podría lograr mucho más. Es demasiado lo que hay que hacer, las inversiones serían gigantescas, pero cuando la casa está ordenada podemos caminar con más tranquilidad por ella, sin temor a tropezarnos en cada esquina o rincón con un obstáculo que nos puede llevar al desastre.

Hay mucho por hacer y no es esperar a que se haga el milagrito, es pensar y repensar cómo estructurar para decidir. No estoy soñando, tampoco soy ilusa, simplemente hago un llamado a la voluntad de todas las partes que somos todo como sociedad.

*Escritora.

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