Columna


¿Y mi aguinaldo, qué?

CÉSAR ANGULO ARRIETA

09 de diciembre de 2023 12:00 AM

Llegó la época más temida y esperada por muchos en la Costa Caribe colombiana: la del aguinaldo navideño, o caribeño, dependiendo su apreciación.

Diciembre trae no solo luces, amor, fraternidad y color; también llegan los detalles afectuosos.

La palabra aguinaldo viene del español antiguo “aguinaldo” y a su vez del latín “strenna”, cuyo primer significado es presagio o pronóstico; luego se acostumbró a simbolizar los presagios con regalos, de tal manera que se le deseaba a alguien un buen tiempo venidero o año con un regalo. La palabra estrenar nació en las Saturnales Romanos, luego fue incorporada a los derechos laborales, siendo una bonificación ganada por el trabajador haciendo parte de los beneficios entregados por la empresa.

El aguinaldo navideño va más allá de un regalo. Es una especie de compromiso tácito de por vida, del dador hacia el receptor. Algo así como un padrino de bautizo, solo que, en vez de velas y escapularios, se dan billetes o regalos tradicionales bien recibidos por el protegido, como los tradicionales pasteles de arroz.

En diciembre hay que saber caminar por la ciudad, en cada esquina pueden aparecer los tradicionales “zableteros” de esta época, reclamando su amado y acostumbrado aguinaldo. No es raro ver a gente oriunda de la ciudad, cuando regresan en esta época, caminando por las calles, escondiéndose o cambiándose de acera, si ven a la distancia a un posible y temido sujeto que les diga: “¿Y pa’ cuándo mi aguinaldo?”. Particularmente, doy de plazo hasta el 5 de enero para reclamar este amado botín.

En casi todas las recepciones de los edificios, condominios, parqueaderos, restaurantes, hoteles de toda índole y fritangas, está la cajita pedidora con la frase que hace sudar frío a más de uno con la leyenda: “¿Y mi aguinaldo qué?”.

No hay excusa que valga, da igual si te acabas de quedar sin trabajo o si tienes otras obligaciones, la tradición manda. En tu conciencia está la decisión. Claro que siempre existe la opción de no darlo. Pero eso conlleva el riesgo de pasar a integrar la “lista negra” de tacaños y malagradecidos. Y créanme, en un pueblo pequeño eso se sabe y no se olvida.

Nos toca hacer malabares y ajustar el presupuesto para endeudarse si hace falta; el aguinaldo en la Costa no es solo una tradición, es casi una imposición paternalista de por vida. Una mezcla de amor, compromiso y chantaje emocional que vuelve diciembre la época más temida (y a la vez divertida) en nuestro amado terruño.

Mi recomendación es revisar bien a quién se le da aguinaldo por primera vez, no sea que puedas ganarte una pretensión implícita de por vida, que se suceda hasta en tus herederos.

¡Felicem Natalem Cristi!

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