¡Yo soy un sietemesino!

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Nací en el año 1942, hace casi 78 años, cuando mi madre se resbaló en la ducha mientras se bañaba y se produjo mi nacimiento “prematuro”, en épocas en que la ciencia no estaba tan desarrollada, pero estoy vivo. Tengo dos nombres y dos apellidos y lo repito: ¡estoy Vivo!

Terminé mi bachillerato, estudié Ingeniería, luego en una universidad de USA, donde conseguí mi Máster en Ingeniería. He trabajado con éxito en varias compañías, incluida la mía, que fue mi sueño desde las épocas universitarias, época desde la cual creía que, quienes tenemos una educación superior, debemos crear empresas para abrir fuentes de trabajo y así hacer Patria. En esa misma época me convertí en un dirigente estudiantil y ayudé, de acuerdo a mis capacidades, a que el rumbo de la enseñanza mejorara y continuara como un gran logro, y ¡seguí vivo!

En mi etapa profesional participé en muchas actividades diferentes a mi trabajo, lo hice en gremios de mi ciudad, colaboré en Consejos Directivos de entidades públicas, conformé grupos que hoy ayudan a muchas personas jóvenes y, además de sembrar un árbol, tener y educar hijos, estoy escribiendo un libro, y ¡sigo vivo, por la gracia de Dios, desde el momento de mi concepción, cuando los cromosomas X y Y de mi madre y mi padre se unieron y nací, en ese instante como persona.

¿Qué de todo esto hubiera podido yo hacer, por ejemplo, si la ciencia de esa época no me hubiera podido salvar? ¿O, si me hubieran abortado? ¿Podrían hoy nuestros “honorables” magistrados de la Corte Suprema o Constitucional, proponer siquiera el aborto a “cualquier tiempo”, si la ciencia no los hubiera podido mantener vivos cuando nacieron tan indefensos, o si los hubieran abortado? ¿Quién les dio el derecho o potestad divina de legislar sobre la vida de un “inocente”, que no está siendo juzgado y, además, no tiene abogado defensor? ¿Qué derecho tiene una mujer sobre la vida de un ser que está en su cuerpo, porque la sabia naturaleza así lo dispuso a todo ser vivíparo, proceso natural que a ella si le permitieron, porque su madre no se le ocurrió pensar que ella era dueña de su vida? Si observamos qué hacen los animales con su cría y cómo la defienden, ¿sería adecuado admitir que las personas que aprueben semejante masacre tengan menor capacidad de justicia que un animal?

¿Será que alguien dude de que abortar significa asesinar a una persona y que un niño que se aborte después de 23 semanas de gestación, debe ser asesinado para cumplir el aborto? ¿Con qué derecho un médico, que hizo el juramento Hipocrático, puede asesinar a esa persona, sabiendo como saben, que está viva?

Podemos seguir preguntándonos muchas cosas y el resultado será, siempre: ¡Nadie tiene el derecho de cometer el asesinato del aborto! ¡Nadie!

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