Columna


¡You’re fired!

JORGE DÁVILA-PESTANA VERGARA

14 de enero de 2021 12:00 AM

Increíbles, vergonzosos e indignantes son los adjetivos con los que califico el asalto al Capitolio de los Estados Unidos. A leguas se ve, en las imágenes difundidas, que la mayoría de los participantes eran “red necks”, término despectivo usado para designar al hombre blanco del interior del país, ultraconservador e intransigente. Sus bigotes y largas barbas acompañadas de pañoletas de microbios, los delatan. Ellos son la marginación de los blancos pobres de E.U., y a estas joyitas fue las que instigó Trump, para que asaltaran al Congreso.

El summum de la profanación, la dio el activista Jake Angeli, al sentarse en el sillón de la presidencia, vestido de bisonte, con más tatuajes que una almohadilla de sellos. Una imagen surrealista que quedará grababa en la memoria de quienes la vimos, la que recordaremos como el mayor ultraje a los cimientos de la democracia norteamericana. Desde ahora, a las 50 estrellas blancas de la bandera de Estados Unidos habrá que agregarle una estrella negra, por el duro golpe a su ágora legislativa.

A mi memoria me vienen las palabras de Trump, cuando inició su “reality show”, El Aprendiz: “Mi nombre es Donald Trump y soy el mayor desarrollador inmobiliario de Nueva York. Soy propietario de edificios, agencias de modelos, el concurso de Miss Universo, aviones, campos de golf, casinos [...] convertí el nombre Trump en una marca de calidad. [...] Como el maestro, quiero trasmitir mi conocimiento a otra persona... estoy buscando al aprendiz”.

En este “reality” de la vida real, el aprendiz Trump perdió el curso de estadista. La derrota de no ser reelegido como presidente, es la mayor humillación política que pudo recibir. Instigar a marchar al Capitolio era la tapa que le faltaba para cerrar el baúl de sus errores, el cual llenó de escándalos sexuales, improperios a países y personas, peleas con periodistas, descalificaciones y despidos a cercanos colaboradores, manejo errado de la pandemia, mil mentiras (produjo 22 mil, auditadas y contabilizadas por la prensa americana), en fin, desaciertos a tutiplén.

Hasta que la audiencia (llámense electores) el pasado 3 de noviembre dijo: ¡Ya no más! Joe Biden recibió entonces la votación histórica más grande del país. El reality había llegado a su fin.

Solo cabe preguntarnos, ¿qué inversionistas estarán ahora interesados en el negocio inmobiliario de Trump? ¿Qué padre de familia dejará que su hija vaya al concurso de Miss Universo? ¿O, qué mujer que se respete deseará ingresar a su agencia de modelos? ¿Será que el nombre Trump, seguirá siendo una marca de calidad? ¿Continuará brillando su nombre, en nuevos edificios de Miami, Nueva York, Panamá, Chicago, Punta del Este y del mundo? ¿Nacerá el trumpismo? Amanecerá y veremos.

Por lo pronto, a partir del 20 de enero ¡You’re fired!

TEMAS