competitividad y el COVID-19

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Una de las características centrales de la competitividad es la capacidad de respuesta, de prepararse para afrontar los retos que le sobrevienen a la sociedad. Pero esa posibilidad de disponerse para lo ordinario y lo extraordinario no surge del azar, sino de la planeación estratégica, de la anticipación visionaria y científica del desarrollo.

El coronavirus ha evidenciado la realidad de todos los países: la organización social y laboral, la infraestructura hospitalaria, vial y tecnológica, la investigación de punta, la calidad de servicios públicos, la capacidad pedagógica, la solidez económica. Si nos preparamos para responder a los requerimientos del mundo contemporáneo que nos exige calidad y competencia, esas mismas condiciones serían suficientes para asumir los efectos de una crisis como la actual.

El deber ser pasa irremediablemente por el ser humano. Mucho más en situaciones complejas como la del coronavirus, cuando el país confronta el avance de la epidemia con su capacidad de respuesta. Y más allá de la infraestructura, las personas deben asumir su responsabilidad con la prevención y el acatamiento de las normas. Si esto no se cumple, la capacidad de acción es insuficiente. En Italia y España, en donde el sistema colapsó por la ausencia de compromiso ciudadano, se evidencia que el ser humano es el epicentro de los procesos y no puede marginarse de ellos.

En Bolívar, de esta crisis saldrá un departamento con más conciencia de solidaridad, unidad y trabajo por los más desfavorecidos si nos unimos todos por la vida; aportando desde nuestro capital económico, desde nuestros conocimientos y nuestra voluntad de servicio hacía los demás. Juntos podemos hacer de Bolívar un territorio más equitativo, con menos brechas entre lo rural y lo urbano; donde tengamos todos el derecho a cristalizar nuestros sueños.

Nuestro gobierno debe fortalecer las entidades públicas y estimular el crecimiento de las organizaciones privadas, el pequeño empresario, el trabajador informal, las empresas familiares. El fomento de la economía lo asumimos como condición imprescindible para un departamento competitivo. Habrá quienes crean que el estímulo de la competitividad es un asunto de neoliberales. Pero no. La realidad nos recuerda que sin una planeación efectiva no podemos aspirar a una competencia real. Pero tampoco podemos responder adecuadamente cuando, en los tiempos de crisis, necesitemos de gobiernos sólidos, instituciones fuertes y una sociedad organizada y solidaria para afrontar los grandes desafíos.

El llamado es a preguntarnos ¿qué podemos aportar desde nuestros diferentes ámbitos para superar esta crisis? Todo esto, con el loable propósito de que juntos podamos construir una sociedad más justa y equitativa, donde predomine la paz y la fraternidad.

*Secretaria de Planeación Departamental.

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