Las dobles calzadas, que funcionan ya parcialmente, amplían la capacidad para recibir vehículos y también son un cambio abrupto en la cultura vial del país, pero muchos de sus usuarios no lo asimilan aún.
La antigua carretera de una calzada y de doble vía entre Cartagena y Arjona es un buen ejemplo. Sus usuarios entraban o salían de cualquier predio sin dificultades para girar hacia la izquierda o la derecha frente a su lugar de destino o de partida. Ahora todo cambió y los mismos usuarios deben ir hacia el retorno más cercano en la doble calzada, aunque tengan que andar un tramo en dirección contraria a su destino.
Mientras el consorcio termina la carretera, incluidos todos los retornos, siguen abiertos ciertos cruces por donde se pasaba antes, pero se entiende que en algún momento quedarán cerrados y se acabarán las “palomitas” del sistema antiguo.
La falta de un retorno formal en Loma de Piedra, a la altura de la antigua Virgen, podría provocar un accidente terrible, ya que le sirve de pretexto a muchos conductores para arriesgar sus vidas y las de los demás con maniobras irresponsables.
Los habitantes de la urbanización El Zapote, por ejemplo, al igual que quienes salen por la vía de Puente Honda con destino a Cartagena, no suben a Turbaco a cambiar de calzada, lo que podrían hacer por un tramo sin asfalto pero en buen estado, sino que bajan en contravía por el hombro de la calzada de subida hasta el restaurante De Res, frente al cual cruzan a la calzada de bajada.
De manera similar, hay muchos conductores que salen por Torrecilla con destino a Turbaco, y en vez de bajar al retorno frente al peaje nuevo, que ya está listo, se meten en contravía unos 100 metros para pasarse a la calzada de subida. Sorprende, porque a juzgar por sus autos y atuendos, muchos de estos infractores son de estrato alto y por lo mismo, deberían tener una educación que les obligara a obrar correctamente.
La Policía de Carreteras tiene que actuar antes de que haya un accidente, que por las características de la vía y la cantidad de vehículos que la usan, podría ser múltiple y catastrófico. No se puede esperar a que haya muertos para entonces -y solo entonces- comenzar a controlar estos puntos fácilmente identificables ahora. Poner unas cuantas multas tendría un efecto mágico sobre los infractores.
La doble calzada también tendrá un impacto cultural enorme en los centros urbanos que atraviesa, donde la carretera tradicional es un caos por la suma de miles de pequeñas y grandes infracciones, y de la inacción de la autoridad local para ordenar su casa. Turbaco es un gran ejemplo de esa desidia. Cosa similar ocurre en las demás dobles calzadas del Caribe.
Las distintas autoridades están a tiempo para prevenir una desgracia, aunque la evidencia sugiere que esperarán a que ocurra para actuar.