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Editorial

Delincuencia y procrastinación

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Cartagena padece este azote creciente, y aunque hace muchos años se hacen estudios y recomendaciones para combatir las pandillas y el número cada vez más grande de menores que roban, atracan, agreden y matan, no hay un plan de acción colectivo, constante y eficaz, siempre con la excusa de que las causas son tan complejas, que no pueden combatirse de un día para otro. Procrastinar es más fácil que actuar.
Mientras tanto el problema desborda los barrios marginados y se expande a la ciudad entera, sobresaltando a quienes creían que sus sectores nunca tendrían el problema.
Es verdad que la delincuencia juvenil tiene múltiples causas, pero la lucha contra ella se ha enfocado solo en la pobreza y la exclusión, sin pesar la influencia de las bandas criminales, que crean escuelas del delito para garantizar el funcionamiento de sus empresas antisociales.
Parece que cuando se le atribuye a la pobreza la mayor influencia en la formación de delincuentes juveniles, se le saca el cuerpo a actuar sobre otras causas que también son determinantes y se dilatan las soluciones, porque la lucha contra la pobreza es larga y compleja, de manera que se aplazan las medidas inmediatas y específicas para las cuales sólo se necesita voluntad.
La batalla de pandilleros en Bocagrande y la captura de dos muchachas menores que atracaban a taxistas, son apenas las últimas muestras de un rosario de jóvenes fleteros, atracadores callejeros y de buses, sicarios y expendedores de drogas capturados constantemente por la Policía, sobre los cuales es muy difícil aplicar programas de rehabilitación.
Los pocos programas existentes para jóvenes en riesgo no cubren la población de menores que vive en entornos que facilitan su incursión en el delito, y las entidades que los adelantan trabajan por su cuenta.
Los jóvenes más propensos a la delincuencia son aquellos que padecen más necesidades, es cierto, pero más que eso, influye la imposibilidad de la juventud para integrarse en el sistema y en los valores que éste promociona como únicos y verdaderos, entre otras cosas porque estos valores se están desmoronando y se tergiversaron, y ahora el poder y el dinero, a como den lugar, son las metas básicas.
Los jóvenes de muchos barrios pobres de Cartagena no pueden ser controlados ni bien ocupados por sus padres, y los criminales los manipulan ofreciéndoles el poder de las armas y el dinero de las drogas y el delito.
La sociedad tendrá que ser muy creativa para ofrecerles una opción mejor que esa, pero es preciso que encuentre la voluntad de hacerlo, porque enfrentarse al problema de manera integral es inaplazable.

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