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Editorial

Querer es poder

El Centro ha vuelto a brillar como sitio de acogida para todos quienes quieran recorrerlo, singularmente los cartageneros que deseaban poder volver a disfrutarlo....

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Si nos vamos a lo que era el Centro de Cartagena de Indias hace solo un año, la sensación de que no había nada que hacer, de que estaba definitivamente perdido en las noches para los cartageneros, las familias y los turistas que venían a buscar el prometido destino cultural o patrimonial, probablemente el pesimismo y la frustración eran los sentimientos negativos de derrota más generalizados.

Incluso, la sensación que quedaba era que los mismos funcionarios distritales y la Policía local tenían en sus mentes que los derechos de quienes se tomaron el casco histórico en su noches y madrugadas eran superiores a los demás ciudadanos, y que no habría forma de recuperarlo para lo que en su valor inmaterial le era inherente.

Tenemos el convencimiento de que el resultado que más prontamente ha sorprendido a los cartageneros y los no residentes que conocen la ciudad es que el Centro ha vuelto a brillar como sitio de acogida para todos quienes quieran recorrerlo, singularmente los cartageneros que deseaban poder volver a disfrutarlo, y los turistas nacionales y extranjeros que pagan onerosos paquetes para participar de la magia que le es propia.

La mayor derrota de una institución, autoridad o ciudad, igual a como ocurre a un individuo, reside en su mente, en su interior. Cuando quien tiene el poder de cambiar las cosas para mejorarlas se paraliza, bajo el convencimiento de que no hay nada que hacer frente a las fuerzas que imponen sus derroteros, aun cuando estos no sean beneficiosos para el conjunto social, las posibilidades de progreso se paralizan y el ambiente de capitulación o de conformismo se impone.

La rápida recuperación del Centro amurallado para el servicio de toda la ciudad y no solo para una porción de empresarios, algunos de los cuales claramente se lo tomaron para imponer actividades delictivas, singularmente en la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes aprovechando el ambiente de libertad -¿o de libertinaje?- que se dejó prosperar en el corazón de la Plaza de Los Coches y sus alrededores, es una muestra de que, si se pone voluntad en la consecución de un objetivo común y positivo para el conglomerado social, muy prontamente se puede alcanzar.

Creemos interpretar a la ciudad al reconocer públicamente la admiración y satisfacción por lo que ha logrado la administración distrital, desde el alcalde Turbay, su gabinete (las secretarías de Turismo, Gobierno, IPCC, Distriseguridad, Corpoturismo, Plan Titán), las autoridades del orden, en armonía con la ciudadanía, vecinos del Centro, empresarios, la Arquidiócesis -y un largo etcétera por razones de espacio-, singularmente con el sorprendente y exitoso balance de Semana Santa, lo cual permite augurar que las siguientes temporadas serán mejores, a la par que arroja una sensación entre los cartageneros de que esto puede replicarse para toda la ciudad.

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