comscore
Editorial

Transcaribe

La dependencia de Bogotá es una tragedia y cualquier acto dirigido a perpetrarla debe ser rechazado en la ciudad, y una de las razones por las que el Estado no funciona para la provincia.

Compartir en

Interesante la discusión entre el alcalde de Cartagena y el ministro de Transporte en relación con el futuro de Transcaribe, que lo definirán quienes tengan el control de las decisiones en su Junta Directiva, en armonía con su nuevo representante legal.

De esa discrepancia pública, sin aparentes tapujos, debe salir la solución al sistema de transporte masivo que tanto agiliza y podría acelerar aún más el ahorro de tiempo de sus pasajeros, quienes, además, cuando los buses operan normalmente, disfrutan de un servicio seguro, cómodo y bien acondicionado.

Pero las relaciones entre ambos funcionarios se están agriando demasiado, con lo cual algo más que ponerse de acuerdo sobre el nombre del nuevo gerente tiene que estarse moviendo en derredor de Transcaribe.

¿Qué sabe el alcalde de Cartagena que lo tiene tan irritado? ¿Qué es lo que está en juego para el Gobierno nacional que prefiere profundizar la pugnacidad en las relaciones con el mandatario local a renunciar a imponer su candidato a la gerencia de una entidad que es menos importante que lo que significa para Bogotá la armonía con el Palacio de la Aduana y viceversa? ¿Quién, desde el Gobierno nacional, está detrás de la designación del cargo de gerente y del afán de control de la entidad? ¿Quieren desde el Ejecutivo ofrecer alguna galantería a casas políticas para coquetear el cambio de posición frente a proyectos de ley u otros apoyos al Gobierno nacional?

Aunque bastarían las razones que ha esgrimido el alcalde para estar molesto, esto es, el afán de control del STIM por parte del Gobierno nacional, cuando resulta que es un sistema que opera en la ciudad y que debería mirarse bajo el sentido del respeto a los principios de la descentralización administrativa; o el absurdo de pretender imponerle al alcalde a un profesional que, aunque prestigioso, no es de su estima o confianza; o el propender por el control de una empresa sobre la cual ya no existen las razones jurídicas para que la Nación siga ocupando los tres escaños en la junta directiva, que le otorgan la mayoría para conformar el quórum decisorio de la entidad; y decimos que aunque bastarían esas razones, la escueta confrontación entre los dos referidos altos funcionarios rompe los moldes de toda la tradición de concordia que ha caracterizado las relaciones entre los ministerios y el despacho de la primera autoridad distrital.

Pero en esa discusión es ineludible darle la razón al alcalde: desde estas páginas hemos pregonado la molestia por la recentralización en la que se empeñó el Ejecutivo en tiempos del bogotanísimo Santos y que claramente se está profundizando bajo el actual gobierno. La dependencia de Bogotá es una tragedia y cualquier acto dirigido a perpetrarla debe ser rechazado en la ciudad.

El centralismo es una tragedia y una de las principales razones por las que el Estado no funcione para las gentes en la provincia.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de El Universal desde Google News