Editorial


A construir consensos

“El retiro del proyecto de reforma tributaria es un buen comienzo; y el hecho de que no estuviera con el presidente su ministro de Hacienda (...)”

Aunque demorado, el anuncio del retiro del proyecto de reforma tributaria que hizo ayer el presidente Duque se recibe con beneplácito para esa inmensa mayoría de colombianos que no apelan a la violencia. Por supuesto, es una mala noticia para quienes tenían a la tributaria como el florero de Llorente para justificar el retorno de la resistencia desde las calles mediante la destrucción y el caos como fuentes de réditos políticos.

Desde la distancia del poder que se ejerce en la fría capital no se entendía cómo pudo el Gobierno padecer de semejante ingenuidad; así como preocupa que los retos en orden público e insatisfacción popular que traerán las próximas semanas no reciban la lectura que se espera de los buenos estadistas; o que se sigan cometiendo errores elementales por riesgosa desconexión con el contexto social o por falta de olfato político, porque cuando estas deficiencias ocurren, el olor a sangre en el agua agita la voracidad de los tiburones que están a la caza del poder, cuyo apetito insaciable no para en mientes sobre el daño que sus intereses creados pueden ocasionar al pueblo al que aducen representar y al que acudirán a pedir, a rogar o a comprar sus votos.

Cuando se tiene sentido de Estado, el gobernante está en la obligación de minimizar esos riesgos; y se la juega con la inteligencia para mantener a raya a esos tiburones, pues cuando estos se alebrestan, todo lo malo que se cierne sobre una democracia, puede ocurrir.

El retiro del proyecto de reforma tributaria es un buen comienzo; y el hecho de que no estuviera con el presidente su ministro de Hacienda en la alocución a los gobernados fue un símbolo de la recuperación de una agudeza que se temía dormida. Cabría pensar que el gesto pudiera ir, incluso, más lejos.

En todo caso, ya el país político sabe que para pagar los gastos de la pandemia y garantizar las ayudas sociales que se requieren hasta que esta pesadilla sanitaria pase, hay que tomar decisiones que no son aplazables; pero ese país político tiene que percatarse que los gobernados esperan que la receta no sea sólo un nuevo proyecto de reforma aunque sea con un texto en el que los que más tengan aporten, sino también, como lo han propuesto los presidentes de los más importantes gremios, orientado a la reactivación económica y generación de empleo, con un sincero y ambicioso plan de austeridad, acudiendo a los ahorros del Estado, a los activos de la nación y mayores controles a la corrupción, que sabe quedarse con la mitad de cada peso que se logra por tributos.

El presidente Duque ha prometido construir un nuevo texto a partir de los consensos. Los colombianos estaremos atentos no sólo a su contenido, sino también a quiénes concurran con una verdadera voluntad de hacerlo por el bien de la Nación, y quienes se sustraerán, que también los habrá, por el mezquino cálculo político en medio de esta situación extraordinaria que vivimos.

TEMAS