¡A unirnos!

15 de marzo de 2019 12:00 AM

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En la sesión de antier del Concejo Distrital, el concejal César Pión sostuvo que la pobreza y el desempleo de la ciudad no es culpa de esa corporación, ni que el Concejo es el autor de todos los males. Y le asiste la razón, en parte.

Añadió que el problema de la ciudad es de sectas, de protagonismos. También le asiste la razón, en parte. Igualmente, que hay omisión de órganos de control, pues no han ejercido su acción en muchos casos, y que los poderosos son los monopolios y no los políticos. En parte, le asiste la razón.

Y así podemos escuchar desde distintos sectores que conforman nuestra multicolor cultura, cómo cada parte puede señalar, con razón, que las cosas en la ciudad no es que anden todas bien y que la responsabilidad es más de otros que de cada cual. En el fondo, todos tienen la razón, pero en parte.

En la ciudad, cualquiera puede señalar quién es responsable de qué y por qué, pero difícilmente encontraremos que cada uno, en singular, reconozca su porción de culpa en las realidades que no son justas. Y así, en esas, pudiéramos pasarnos.

Cuando las instituciones están en crisis, sean públicas, privadas o comunitarias, hay espacio para investigar, señalar y designar a los culpables. Pero también es absolutamente necesario dar un paso más, que cuesta mucho trabajo, pues tiene que ver con un proceso de introspección en el cual se valora, se acepta y se asume el propio yerro, esa contribución personal al daño general, por acción o por omisión.

Y aún hay una etapa superior, que sigue a las mencionadas, y es la de romper los paradigmas divisorios, los muros mentales, las fronteras imaginarias que surgen de las experiencias, frustraciones y el conocimiento propios.

En la ciudad, tal como lo ha hecho ver el concejal Pión, no solo en esa intervención, sino también en columnas del Concejo que publicamos semanalmente en esta misma página de Opinión, pareciera que aún estamos en la primera de las tres etapas mencionadas. Si concordamos en que es así, salir de ese compartimiento estanco es una urgencia.

Sin perjuicio de que los responsables paguen sus culpas, es necesario que avancemos, que demos el salto cualitativo de no quedarnos en los señalamientos de unos contra otros; es mejor andar unidos, pues solo así la ciudad podrá avanzar más rápido y más lejos.

Para superar las sectas o los protagonismos que mencionó el concejal, tenemos que dejar de sindicarnos y de ver la paja en el ojo ajeno. Tenemos el deber de sentarnos a trabajar unidos por la ciudad, pensando en grande, sin egoísmos, sin prevenciones que, aun cuando pudieran estar sustentadas en reservas frente a la conducta ética, legal o social de quienes tienen poder de decisión en sus correspondientes espacios de gestión, no pueden limitar la obligación de reunirse, dialogar y lograr consensos sobre cómo podemos superar la debilidad institucional de la ciudad, así como qué y cómo podemos aportar cada cual para mover a Cartagena y el Departamento hacia la prosperidad, con equidad.

El Universal está dispuesto a ser parte y animar el diálogo constructivo entre todos los sectores que conforman nuestra amada ciudad y la región.

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